La construcción de los primeros 50 Centros de Atención Primaria, el renacimiento de las zonas francas con apoyo del Gobierno, la disposición de que todas las compras del Gobierno se realizarán a Mipymes, para apoyar su crecimiento, las avenidas circunvalación, el Corredor Duarte y la entrada de República Dominicana como miembro pleno del SICA. Si, en el primer año de Danilo Medina.
En esta lista comparto fechas, lanzamientos y momentos principales que confirman lo dicho en el párrafo anterior
Solo hay que ver el penoso estado de las comunidades que viven aguas abajo del río Maguaca a quienes la minera suministra botellones de agua porque el río está envenenado. Narrado en detalle por una periodista canadiense.
Estos dominicanos deben ser resarcidos por Barrick y ésta debe seguir mitigando el pasivo ambiental en la explotación de Pueblo Viejo y presentar una propuesta preliminar con las localidades alternativas, para que la sociedad civil participe y opine sobre el proyecto antes de que se haga ninguna concesión a la minera.
Tantas promesas recreadas en escenas, como vacunas Covid 19 contratadas. Es más, parecería que piensan que las vacunas solo bajarían la positividad, la letalidad y los internamientos, si solo ellos la inoculan.
Si lo que acabamos de ver no es el montaje de un proceso reeleccionista, que venga Dios y lo vea. Y en realidad, lo que se ve son muchas promesas y pocas obras, aunque se pinte el firmamento mediático de lo contrario.
El primer año del Gobierno del Cambio nos llena de magias y sorpresas con un coro que entona cantos de victoria y glorias al Presidente.
Como si fueran magos y encantadores, todo el gabienete ha desfilado a presentar cientos de logros y obras bajo el sutil relato de que todo es posible por la orientación de su presidente.
Y en verdad son magos, porque esos logros sólo se ven en las pantallas; si le da una vuelta al país no existen y no existen porque no se han realizado.
Esta semana hemos visto a funcionarios modelando en una alfombra por la que desfila sin elegancia la mentira.
«¡Hemos mejorado! Estamos cumpliendo y estamos cambiando… hemos logrado récord en esto y también en aquello», enuncian los titulares.
La gente no necesita que le digan que está mejor. La gente va al supermercado, compra y comprueba. No necesita que le digan que hemos cambiado. Va a la ferretería, compra y comprueba.
Un año después, República Dominicana es otra. Cambió.
No podrá decirse que cambió para mejor, tampoco para volver a ser lo que era antes del Covid-19.
El impacto del desastre sanitario en negocios y familias fue (ha sido) muy desigual.
Esos dominicanas y dominicanas a los que les fue mal y están económicamente convalecientes, no se han recuperado todavía. Peor, han tenido una recaída por la falta de políticas efectivas de remediación del actual gobierno.
Da gusto oír a los funcionarios del “cambio” rendir cuentas de su gestión. Su discurso es de corte bíblico: Antes, todo estaba en tinieblas. Hasta que vino el espíritu del “cambio” y… ¡se hizo la luz!
No se construyó nada antes. Era malo el endeudamiento antes. Cuya razón de ser era el déficit eléctrico sempiterno, principalmente.
Ahora el endeudamiento es una bendición. Aunque sea para almacenar dinero en el Banco Central evitando una devaluación que ya es un hecho con el incremento dramático de precios.
Dejaron caer el 911. No existe seguimiento de casos COVID-19. La fórmula de los combustibles, no funcionó. Pago de publicidad supera los cuatro años anteriores. Peste Porcina Africana llegó al país. POR DESCUIDO del Gobierno. La inflación más alta de la región. En junio del 2020 fue de 0.11%. Volvieron los apagones. Terminó la luz 24 horas. Funcionarios incompetentes. «Cambiamos botellas», publicación para celebrar los 100 días, demeritando a quienes por años trabajaron en el Estado.
El martes 10, otra vez, el ministro omitió al Bahoruco Oriental en una entrevista televisada al hablar de los planes para restaurar las zonas montañosas de Valle Nuevo, Sierra de Bahoruco y Los Haitises.
Como bien respondió la coalición, “la zona productora de agua en el Bahoruco es la Oriental, con más de 23 cursos superficiales y otros muchos manantiales y norias, mientras que la Occidental, con casi el doble del territorio, sólo da origen a cuatro ríos”.
Dentro de pocos días el gobierno cumple su primer año de gestión, el relato de que estamos cambiando y la campaña de culpar a otros llega a su fin, pero quienes gobiernan siguen en campaña como si fueran oposición.
A partir de ahora esperamos que puedan comenzar a trabajar y a ejecutar las promesas de campaña y lo que dicen que han hecho, pero que nadie ve.
Hemos visto una especie de pasarela de ministros y otros funcionarios frente a las cámaras haciendo una apología de su ejecución, una rendición de cuentas hecha por ellos y para ellos. Vedetismo puro y simple.
Al pobre se lo está llevando quien lo trajo.
¿Y quién fue que lo trajo?
Al pobre lo trajo la desigualdad. El pobre es hijo de sangre de la miseria, nacido y criado entre el hambre y el malvivir.
El pobre, cuyo espíritu inquebrantable se subleva en la mayoría de los casos contra la desilusión y la desesperanza, aspira siempre a mejorar sus condiciones materiales de existencia.
Después de políticas públicas establecidas en los últimos años, políticas que le declaraban la guerra abiertamente a la desigualdad, hoy el pobre, el dominicano de escasos recursos ve reducidas sus esperanzas en tiempos de pandemia, improvisación gubernamental y desmonte de las iniciativas que le servían de impulso para librarse de ese cáncer social llamado pobreza.
Problemas que reclaman solución, desafíos que descubren oportunidades, y sin embargo, ahí no está el asunto.
Mire usted.
Cuando se gobierna siempre habrá solución a los problemas porque hay oportunidad. El desafío es saber cuando, como y a favor de quien o de quienes se resuelven los problemas que se presentan.
La escasez de carne de pollo, por ejemplo, es un problema causado por el aumento de la demanda (oportunidad), provocado por la caída del consumo de la carne de cerdo (otro problema), a su vez causado por la Peste Porcina Africana, ciertamente un problema que se podría convertir en una oportunidad.
El cambio. El descuido. Más de 300 técnicos cancelados. Puertos y aeropuertos desguarnecidos. Protocolos descontinuados. Y la peste de nuevo nos pilló.
La tragedia más grave de nuestra sociedad es la desigualdad. Los buenos gobiernos procuran administrarla de tal modo que no hagan más angustiosa la vida de los más vulnerables. Los malos, la profundizan.
Creando miedos, sobresaltos y sustos, como todas las pesadillas, el PRM (antes PRD) volvió al poder en la República Dominicana.
Con ellos regresaron los buscones en las instituciones públicas, la pérdida de empleos y las pestes.
Cambiamos los procesos de pagos digitales por pagos con cheques.
Cambió la luz 24 horas por apagones.
Cambiamos de funcionarios capaces a una mayoría desconocedora de sus instituciones y funciones.
El cambio ha sido del sosiego al caos, del control al desmadre.
La Caleta y Cotubanamá, cuando parece que los empresarios turísticos entienden que esas áreas son un plus para sus negocios, el gobierno aprueba la explotación de petróleo en la cuenca marina de San Pedro. Una compañía promete invertir US$12 millones en ocho años.
Sólo en 2019, la inversión extranjera directa en turismo llegó a 667.4 millones de dólares y el Estado sólo en limpieza de playas invirtió un millón 319 mil dólares. Países como Costa Rica están vetando la explotación petrolera y RD, que es solo parte de una isla, debería hacer lo mismo.