La oposición a Punta Catalina fue tenaz. Enfermiza. De contubernio con el negocio del subsidio que acogota el presupuesto nacional.
Como no se firmó el Pacto Eléctrico—boicoteado también por el PRM—tampoco se discutió ni firmó el Pacto para la Reforma Fiscal.
Aquellos polvos trajeron estos lodos. Hoy el presidente Abinader entiende que no se las puede arreglar como él entendía que sí se las podía arreglar Danilo Medina: sin pactos y sin reformas.
Del fortalecimiento del sector público de los últimos años, pasamos a confirmar lo que en campaña, para muchos, era simple suposición. Los verdaderos mandamás en este gobierno son los empresarios.
Los amigos dirigen, desde el dolor de sus bolsillos, todas las políticas públicas. Los conflictos de intereses son la norma y lo común. El perro cuidando el filete, desde la institución pública reguladora, dice cómo quiere ser regulado en su empresa privada. Negocio redondo, lo pagamos nosotros.
Con la presa de las Placetas es más la sal que el chivo. Revive el gran drama de las comunidades serranas aisladas y abandonadas a su suerte después de la inundación de los embalses Tavera – Bao.
Lo que han sepultado los embalses de las presas nunca lo vamos a saber. No se hacen inventarios de biodiversidad ni planes de traslado de poblaciones de flora y fauna en peligro crítico, como fue el caso de la Myrcia majaguitana, ahogada en el embalse Jigüey-Aguacate.
Su excelencia acaba de presentar una carpeta de DOCE REFORMAS. Lean bien, DOCE REFORMAS… Ninguna chiquita. Y expresando un anhelo grandilocuente, como es el hábito: “las que aseguró producirán una segunda restauración institucional y material para la República Dominicana” (DL: 18/08/2021, María Isabel Hidalgo).
Otra vez, la anti-política hecha un credo y las causales neoliberales solapadas.
Una cosa es clara: tantas reformas juntas es bola de humo en un momento de aprieto del gobierno.
Esta semana inició el diálogo convocado por el presidente de la República con la presencia de la mayoría de las fuerzas políticas.
Toda iniciativa de diálogo hay que saludarla porque si se hace bien y con sinceridad puede producir frutos.
Sin embargo, este diálogo inició cojo. El Gobierno plantea 12 temas de reforma y no presenta una sola propuesta. Mal inicio.
Son miles de cancelados del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes los que a un año de haber sido desvinculados aún no reciben sus prestaciones laborales.
Además de violar la ley sin sonrojarse, el intendente de esa institución pública vulnera la dignidad de quienes dedicaron gran parte de su vida al desarrollo e impulso de esa entidad.
¿Cómo es posible que a estos trabajadores los tengan protestando en las calles, con el ferviente calor del verano en Santo Domingo aumentado por el polvo del Sahara?
El Gobierno dominicano podría estar intentando una diligencia audaz: conseguir todos los coautores posibles para su reforma fiscal, que los compromisarios ayuden a contener o juntos criminalicen posibles pobladas, lo que garantizaría que la reputación del Gobierno salga sin un rasguño del trance.
El asunto es que ningún partido, ningún gremio, ningún líder político, empresarial o sindical tiene control de la ira popular.
Es una apuesta temeraria («en Colombia no se pudo, en Dominicana sí»). Es una impertinencia con una población irritable y ansiosa por la prolongada crisis sanitaria y con las economías de los negocios y familias convalecientes todavía.
¿Creen que fue chepa que aumentáramos aquel 18% en capacidad lectora?
Recientemente, un eminente educador, en uno de los encuentros preparatorios de la VII Conferencia Internacional de Educación de Adultos (CONFINTEA) destacaba dos casos: República Dominicana y Bolivia.
Y subrayaba: disminución del analfabetismo (14% a 5.5%, en RD; 12.3% a 2.3%, en Bolivia), además de cambios institucionales y mejora significativa de los presupuestos.
No se tapa el sol con un dedo. La verdad es tenaz. Avanzamos mucho de 2012 a 2020. Falta ver si las actuales autoridades serán capaces de mantener o superar semejantes logros.
¿Cambiaron para mejor los más de 63 mil desvinculados de las instituciones del Estado, sobre todo los que no han recibido sus prestaciones?
¿Está mejor usted que ya no puede recibir el servicio de calidad y eficiente del Sistema 911?
¿Estarán mejor quienes transitan por las carreteras del país, sin contar con unidades de servicios viales como antes?
¿Mejor ahora la sociedad con menos comunicación gubernamental y más propaganda personalizada de Presidente y Ministros?
El Ministerio de Medioambiente ha anunciado un proyecto de conservación, educación y reconocimiento de Pereskia quisqueyana, nombre de nuestra flor nacional.
Nada más loable, si se hace bien. Pero mal empezamos si a la doctorante autoridad en esta familia se la ha dejado esperando para consulta.
Un proyecto como ése debe ser pura ciencia en su fase inicial. Porque, pregunto: ¿de dónde saldrán las cuatro mil plantas de que habla la noticia, si sólo quedan algunas “plantas silvestres” y algunas semillas?
En lo fundamental, la mayor parte de las obras importantes reportadas e inauguradas fueron hechas por el gobierno Medina, como el Hospital de Boca Chica, el Hospital de Bonao, la Ciudad Sanitaria, la mayoría de las vías que hoy se inauguran estaban tan encaminadas que en meses ya se concluyeron.
Insistiendo en los Estados de Emergencia mientras nos dicen que la positividad está en 5%, la letalidad bajísima y la hospitalización casi ausente. O la Emergencia es innecesaria o los números son dudosos.
Paliza y Pacheco son expertos en el juego de lo útil y lo inútil.
Cuando las cosas van mal, los dominicanos decimos que andan manga por hombro.
Así ha ido el país desde hace un año de nuevo gobierno y parece que seguirá igual o peor.
Con los numeritos de la economía, no se sabe a quien creer; el presidente de la República dice unos, sus funcionarios dicen otros y teniendo a los economistas que enmendarles la plana.
Los RD$18 millones gastados en la obra teatral presentada en el Teatro Nacional salieron precisamente del Fideicomiso RD Vial, recursos que deben ser destinados al mejoramiento del servicio y acondicionamiento de las carreteras.
En la capital, las calles y avenidas asfaltadas no hace un año, ya están deterioradas, con agujeros gigantescos. Y nos referimos a la avenida John F. Kennedy, la 27 de Febrero y su elevado, por poner tres ejemplos.
Están en dificultad porque, por la misma cantidad de dinero, sus clientes ahora compran (reciben) menos alimentos por el alza en los precios.
Venden menos pollos, menos arroz, menos plátanos, menos aceite, menos leche, menos chocolate, menos guandules, menos habichuelas giritas, menos café, menos azúcar, menos pan, menos salami.
Y como todo sube y sigue subiendo, para reponer inventario, los comerciantes deben juntar, en cada ocasión, más dinero. Se están descapitalizando en la incertidumbre.
Me refiero al acto de rendición de cuentas de cada ministro que se pavoneó orondo frente a las cámaras hablando de todo lo mal que estábamos antes y de toda la magnífica obra que se ha realizado en un año.
¿Cuánto nos habrá costado la vitrina montada por el gobierno sobre los cadáveres de millares de cerdos y las angustias de miles de pequeños y medianos productores?