“Los Palmeros”
La fecha evoca la hazaña de “Los Palmeros”, grupo revolucionario que enfrentó con fiereza la persecución del régimen presidido por Joaquín Balaguer.
La fecha evoca la hazaña de “Los Palmeros”, grupo revolucionario que enfrentó con fiereza la persecución del régimen presidido por Joaquín Balaguer.
El año comienza, es la cuesta de enero con sus deudas y resaca, con la violencia y el desconcierto que impera a pesar de los fuegos de artificio tan artificiales como los mensajes oficiales para engatusar a incautos.
La política criolla necesita alimañas y cuando los grupos cívicos participan en la subasta el silencio ayuda.
El oportunismo se monta en el corcel de ocasión para ganar aplausos y se apodera de mi creación como original.
El candor está lejos de la actividad proselitista. Establecer la complicidad con el crimen, por omisión o acción, es el desafío.
Vuelve el director del INTRANT con sus altisonantes declaraciones que no conjuran la frustración colectiva debido al fracaso de “RD se mueve”.
Las explicaciones urgentes, las llamadas a los medios que podían transmitir gracias a sus plantas. Arrogancia y cinismo presentes.
Continuarán las proclamas de pureza. La reiteración de la responsabilidad personal vuelve como argumento para enfrentar el caso del regidor y el general.
Se acerca el día de la Constitución. No sorprendería que el día 6 alguien declare al gobernante “Padre de la Constitución”.
El Gran Santo Domingo con las primeras lluvias, antes de cumplirse la profecía climatológica, consecuencia de la tormenta Melissa, sufría el efecto de la imprevisión.
Para evitar suspicacias, las autoridades deben recordarles a los inconformes que existen requisitos legales para validar el trabajo de los extranjeros.
Es difuso el miedo a los escarceos judiciales, tampoco desvela la delación de los extraditados. La creatividad continuará, el silencio ayuda.
La protección del presidente para los suyos incluye los ministerios sin cartera y las asesorías para servidores que lucen imprescindibles.
Ha ocurrido un milagro. Ya no hay cascos, chalecos, ni exhibición frente a las cámaras. Reivindicado el debido proceso, la presunción de inocencia se impone.
La entrada aparatosa de los funcionarios a lugares públicos es algo común. A pesar de las rimbombantes proclamas éticas, de los chelitos que rinden, del adanismo irritante.