En 2016 fue publicado el Estudio de Disponibilidad y Demanda de Agua por Provincia, del ingeniero Gilberto Reynoso. Muy difundido. Sirvió para sensibilizar a las autoridades y crear opinión sobre el gran reto del manejo del agua.
Al menos, vistas públicas deben hacerse antes de aprobar las nuevas leyes del agua, y no sacarse de la manga diez presas y dejar al verbo resolver el problema crónico de la falta de agua en 22 provincias, sin aclarar cómo van a mejorar las condiciones de las 17 cuencas productoras de agua, en peligro por la minería y la deforestación.
No nos oponemos al desarrollo, sino a la gestión no participativa de un recurso que compromete la vida de todo un país.
Las razones esgrimidas sin fundamentos sólidos para la tercera dosis, el Plan de apertura semanal, estructurado al margen de toda consideración del ciclo viral, así como la evidente presión económica y política de abrir de par en par la sociedad están a la vista.
Han bajado el número de pruebas y cada vez más relegando la PCR en beneficio de las pruebas de antígenos. Y en esa carrera llevan tanto la positividad diaria como la de las últimas cuatro semanas. Apertura y datos sanitarios deben “machear”.
Para justificar la tercera dosis se esgrimió el “cuco” de la variante Delta y este es el momento en que no se ha hecho un esfuerzo serio de detección de su presencia en el país o no.
Muchas veces se dicen mentiras piadosas para no afectar a quien debería escuchar verdades amargas.
El gobierno del Cambio deja a un lado el dicho popular para mentir sin piedad.
Con tantas quejas e insatisfacciones es mentira que el gobierno tenga un 68 % de aprobación (cariño) popular.
Pro Consumidor miente al decir que los alimentos bajaron un 25 %, una burla a la gente que ya no aguanta los aumentos de la comida.
Esconder y no ser claros con los manejos que están haciendo con las Edes y Punta Catalina es otra manera de preparar mentiras que al final vamos a pagar muy caro.
La pandemia del coronavirus ha planteado sin éxito a la humanidad una evolución de sus sociedades.
Las reflexiones y discusiones hoy, a más de un año de la enfermedad, deberían ser sobre la urgente necesidad de universalizar los sistemas de salud y volcar las políticas públicas hacia el desarrollo humano y la conservación de la Casa Común, como llaman al planeta Tierra los teólogos de la liberación.
Sin embargo, adonde se ha evolucionado es hacia el ensanchamiento de la brecha entre ricos muy ricos y pobres muy pobres. La desigualdad es una pandemia de mil variantes.
El fracaso gubernamental en construir e instalar un relato sobre la mejora del salario mínimo a los trabajadores, anunciada como buena noticia y acontecimiento histórico, ha puesto en riesgo otro relato en gestación: el de la mejora fiscal (llámese ajuste, reforma o pacto fiscal).
La torpeza comunicacional fue aún más allá afectando el esfuerzo hecho en instalar el relato muy bien estructurado que dice así: «RD vive shock inflacionario pasajero de origen externo».
Al parecer, la ansiedad por deslumbrar y el exceso de confianza en gestionar emociones populares, impidió al Gobierno medir la fuerza de la realidad.
Empresarios y gobierno recientemente han querido aliviar la herida abierta por la inflación en el corazón trabajador, pero no han hecho más que empeorarla.
El incremento no recupera el salario perdido. Por tanto, no restituye la capacidad de compra.
Hace poco, botánicos constataron cómo el café y el ganado siguen destruyendo la biodiversidad. Hasta una carretera de Agua Prieta-Derrumbadero están construyendo para atravesar la sierra. Zonas ya registradas en 2019, como Bonete y Los Bolos, siguen siendo deforestadas y convertidas en cafetales y potreros.
La pandemia y sus múltiples efectos nos ha puesto a prueba y también nos ha revelado el valor que tiene mucha gente que realiza oficios cotidianos que casi nunca valoramos en su justa dimensión.
Es justo sacar un ratito para pensar y agradecer a estos seres humanos por su labor, reconocerles su entrega, abrazarles y decirles sencillamente: ¡gracias por su entrega!
El indómito y bravo pueblo dominicano se recuperó de 12 años de Gobierno que nunca legitimó en las urnas, de revueltas por crisis económicas, de otros diez años de elecciones amañadas, de la quiebra de bancos y la mala gestión administrativa.
El ADN de este pueblo está compuesto de resistencia. Resiste con entusiasmo. Se supera, avanza, no detiene el paso, tiene fe en el mañana.
La COVID-19 ha estado sacudiendo, sin aviso previo y por demasiado tiempo, las certidumbres que norman y sustentan la vida cotidiana de las personas, en lo laboral (desempleo, teletrabajo), en la convivencia con familiares y amigos (confinamiento, distanciamiento), en la manera de divertirse y comunicarse y en la producción, comercio y consumo de bienes y servicios.
La obra que estaba entregando le empapaba la cara. No el teleférico de SDE. Ni la línea 2 del Metro. Ni las casi 25 mil aulas nuevas. Ni las avenidas de circunvalación. Etcétera, etcétera.
Sólo ese parador que quiere ocultar en SDE escupe inmisericorde la cara del ministro de Obras Públicas.
La involución está presente en todo. En el 30% que se ha vuelto a pedir para sacar pagos, en los buscones en las instituciones públicas, en el cruce de nómina eliminado, en hospitales operando con luces de teléfonos, en la sensibilidad de los funcionarios ante la crítica ciudadana, en entregar a dedo y por canchanchanería los permisos de importación, en la persecución y la falta de democracia.
¿Cuánto obtuvo el país por la exportación de cal de 2010-2018? 3,825,479.3, según la DGA. ¿Vale la pena? ¿Cuánto cuestan al país los perjuicios ocasionados por la extracción de la caliza silícea de loma Las Filipinas? ¿Cuánto valen los petroglifos de las cuevas del Pomier, patrimonio de la humanidad y hábitat de millares de murciélagos?
La seguridad nacional de República Dominicana necesita un nuevo enfoque estratégico, que los beneficios no minen el progreso de las instituciones y que los intereses dominicanos no puedan ser desdeñados por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, como acaba de suceder.
En las últimas semanas palpamos malos síntomas y señales por parte del Gobierno.
Por ejemplo:
Por poco dañan el plan de vacunación con el tema de la tercera dosis.
Han reducido la lucha contra el Covid a la vacunación y regular toques de queda. Médicos y especialistas insisten en que se deben de tomar otras medidas más abarcadoras.
Siguen empecinados en poner las esperanzas sólo en el turismo, descuidando el clamor de miles de pequeñas y medianas empresas.