El motoconcho: ¡Mucho cuidado!
Los motoconchistas no caen del cielo. Surgen de la pobreza, la falta de trabajo y la necesidad de transporte.
Un crimen lamentable coloca de nuevo en escena a estos trabajadores.
“Son una manada de violentos que, además, actúan en turbas”, les acusan.
Pero, de ser así, ¿son los motoconchistas los únicos violentos en nuestra sociedad? Veamos.
En los primeros tres meses de este año, más de cincuenta personas fueron asesinadas por la policía nacional en los llamados “intercambios de disparos”.
Más de veinte feminicidios ocurrieron en igual período y en lo que va de año van casi ¡dieciocho mil denuncias de violencia de género!
Es la violencia de los pobres la que se ve. La de los tutumpotes contra los pobres es invisible.
La violencia social es solo otro de los tantos males que acompañan a la desigualdad, al deterioro de las condiciones materiales de existencia de las familias y a la ineficacia estatal.
Tenemos unos 3.8 millones de motocicletas en el país. El 30%, es decir, poco más de un millón, son motoconchistas, deliveris o úber-moto. La actividad compite en empleo informal con muchas otras de nuestra economía.
En un país con autoridades interesadas en resolver los problemas del pueblo y mínimamente creativas el motoconcho no fuera un problema, sino una oportunidad.
Si los motoconchistas violan las leyes de tránsito; si van sin un casco protector; si no tienen documentos que los acredite; si, además, no están formalizados en cooperativas que les garanticen derechos, educación, salud, etc., ¿es su culpa?
Condenar es fácil. Quejarnos, mucho más. Lanzar a la policía para que los despoje de su medio de trabajo y los chantajee, igual.
Pero lo que necesitamos es que el gobierno busque soluciones creativas, justas y sostenibles a los problemas.
Espacio pagado
Quienes habitamos la Comunidad Ojalá sabemos que somos diferentes y nos alegra serlo.
Nuestros contenidos son útiles para comprender y mejorar la vida cotidiana. Están libres de publicidad. Los anima la curiosidad, el rigor y los financia la gente.
Únete. Participa. Haz un donativo.