Destruyendo los bosques, destruimos la vida
La superficie forestal mundial se redujo casi el 1% entre 2015 y 2025: más de 41 millones de hectáreas. América del Sur y África a la cabeza a un ritmo de más de 4 millones de hectáreas al año.
En 2021 escribí “Reflexiones sobre la deforestación” y, por lo visto, aún jugamos a la demagogia. Con la deforestación desbocada todos perdemos y mañana será tarde. Mis palabras no solo siguen vigentes en 2026, sino que la situación se mantiene.
Según la Academia de Ciencias, 64,000 tareas quemadas, solo en 2023, incontables camiones cargados de pinos y otras maderas bajaron a todas horas de la Cordillera Central. Los Serranos, con su determinación, lograron alertar al país y reducir el ecocidio en nuestra Madre de las Aguas. Pero en octubre de 2025 aún seguían bajando camiones repletos de troncos.
En lugar de atender las recomendaciones hechas por los ambientalistas, recibimos varias dosis de propaganda con el Plan Nacional de Reforestación, que ya no se menciona, con el que pretendían aumentar la cobertura boscosa del 40% aproximado que teníamos en 2020, al 68%, cuando no han sabido proteger ni lo que teníamos en 2020.
Según el foro de la ONU para los bosques y la FAO, la agricultura sigue siendo la principal causa de la deforestación. Pero aquí hace mucho que compite con la minería y el asalto inmobiliario, como demuestran Las Terrenas, lo que queda del Cinturòn Verde del GSD y el Santo Cerro, en La Vega.
Las estrategias y planes están en papeles y discursos, y ya hemos visto lo desastroso de una gestión ambiental que no escucha a la gente y regala por chelitos nuestros recursos, biodiversidad y patrimonio natural a las multinacionales mineras y el turismo insostenible.
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