Feminicidios: La tragedia que nos desafía
Cuarenta y siete mujeres asesinadas en los primeros seis meses de este año. Veinte más que las 27 asesinadas en los primeros seis meses del año pasado. Un aumento del 74%, advierte la Fundación Vida Sin Violencia. Dos de los victimarios son miembros de la Policía Nacional y otros dos son de las Fuerzas Armadas.
Son casi ocho por mes. Una mujer asesinada cada cuatro días. En nuestra región ocupamos el segundo lugar. Sólo detrás de Honduras.
¿Qué hemos hecho o dejado de hacer para que esta lacra se haya disparado de tal manera en 2026, con su secuela de huérfanos y traumas sociales?
No se dice, pero el fenómeno tiene sello de clase. Casi en su totalidad, víctimas y victimarios son de clase media baja y pobres. Algunos hasta muy pobres. Y ése no es un dato cualquiera.
A ésos sectores los llaman los “más carenciados”. Donde las crisis de la educación, del empleo, del costo de la vida, de la falta de oportunidades, golpean más duro y los horizontes de salida se perciben más lejanos.
Es un problema viejo y por viejo apunta a un fracaso de nuestra sociedad. Un fracaso moral, cultural, ético. Una incapacidad para tratar una tragedia que nos desafía. Para la cual ni gobierno ni escuela tienen instrumentos adecuados.
Setenta y nueve mujeres cada año en los últimos seis años. 473 niños, niñas y adolescentes huérfanos.
No hay soluciones simples para problemas complejos. Pero empecemos por REALMENTE mejorar las condiciones de vida de los de más abajo promoviendo un desarrollo humano integral. Abarcador.
El recrudecimiento de la tragedia quizás está apuntando al deterioro reciente y creciente de las condiciones de existencia de los más pobres y a su miseria cultural y espiritual.
¿De qué nos sirve un supuesto crecimiento de la riqueza si la sociedad se nos desgrana por aquí y por allí?
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