Dos lagos de veneno son más que suficientes
De la mina de Cotuí se extraía oro ya desde 1494, dos años después de la llegada de Colón. Pero es entre 1967 y 1975 cuando Rosario Mining inicia exploración y explotación del que es hoy uno de los yacimientos más importantes de Nuestra América.
Más de medio siglo explotando oro intensamente. Cambiándolo por dólares; papeles verdes. Moneda fiat que cada día vale menos, mientras el oro vale cada vez más. Medio siglo vendiendo oro como si se tratara de aguacates, decía Juan Bosch, quien sabía muy bien qué hacer con ese metal.
La tragedia es todavía peor: vendemos oro para pagar intereses y amortizar deuda. Cuando el oro es refugio de las monedas importantes del mundo; cuando alcanza precios récord porque los inversionistas se deshacen de las papeletas de Lilís; cuando lo hacen orfebrería y le agregan valor; cuando es garantía de deuda o se alquila como garantía. Son sólo algunos ejemplos.
La tragedia comenzó con Balaguer hace medio siglo y—aunque Danilo logró mejorar aquel odioso contrato 97-3 que hubo hasta 2013—lo cierto es que seguimos vendiendo oro como el plátano maduro: corriendo, antes de que se pudra.
Ahora, en vez de un lago de cianuro—reserva de un desastre futuro—tenemos dos lagos de cianuro porque se autorizó a la Barrick construir otro. Cambiamos oro por papeles y nos queda el veneno.
En San Juan de la Maguana y en el Cibao, defienden con tesón nuestras cordilleras y nuestra agua. “El verdadero tesoro”, dicen, “es el agua”. Tienen razón y merecen el apoyo de todos y todas.
El gobierno Abinader-PRM quiere entregar a Gold Quest nuestros bosques y nuestra agua para extraer oro, cambiarlo por papeles y dejarnos otro lago de veneno.
Tienen razón nuestros comunitarios: nuestro oro, mejor bajo tierra. Allí no contamina y queda como seguro para venideras generaciones más responsables. Dos lagos de veneno son más que suficientes.
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