¡Cuba va!
Ha sido el presidente Donald Trump quien ha dado una bofetada en la cara de los infames que niegan el bloqueo que viene resistiendo Cuba por más de seis décadas.
A su base militar ilegal en Guantánamo de hace cien años, Trump ha agregado barcos de guerra que confiscan el petróleo que se dirige a Cuba y, simplemente, lo roban.
Cuba no puede hacer negocios libremente como cualquier país del mundo porque Estados Unidos le impide acceso al sistema financiero mundial.
Cuba no existe para el FMI, el BID, el Banco Mundial. No tiene acceso al sistema SWIFT y sus importaciones debe pagarlas en efectivo. Estados Unidos sanciona a las empresas que hagan negocios con Cuba. Nadie se arriesga a contradecir al “gigante de las siete leguas” so pena de ser aplastado.
Todo eso y más, ahora recrudecido por Trump, padece Cuba y en medio de esa tempestad de dolor, de acoso, de abuso sin nombre, como decía la trova hace sesenta años: ¡Cuba va!
La Revolución cubana no es un acontecimiento fortuito ni el fruto de unas mentes febriles; es el resultado de una lucha que se inició en 1868 con Carlos Manuel de Céspedes y el Grito de Yara, y ya no se detuvo más, dijo Juan Bosch.
Y así es. La guerra infame contra Cuba continúa sesenta y siete años después. Y Cuba sufre y lucha:
“Puede que algún machete
se enrede en la maleza.
Puede que algunas noches
las estrellas no quieran salir.
Puede que con los brazos
haya que abrir la selva,
pero a pesar de los pesares, como sea:
¡Cuba va! ¡Cuba va!”.
Así lo advertía Silvio Rodríguez, mientras Noel Nicola resumía los altos propósitos de la Revolución Cubana:
“Quiero abrir mi voz al mundo
que llegue al último confín
de norte a sur y de este a oeste.
Y que cualquier hombre pueda
gritar sus propias esperanzas,
sus heridas y su lucha cuando diga:
¡Cuba va! ¡Cuba va!”.
En Cuba se juegan hoy la soberanía, la dignidad y el destino de Nuestra América. Que nadie lo dude.
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