Urgimos mentes y cuerpos sanos
La vida en sociedad permite el desarrollo armonioso de una determinada población y, por extensión, del resto del mundo.
La vida en sociedad permite el desarrollo armonioso de una determinada población y, por extensión, del resto del mundo.
Completadas ocho décadas de vida y poder narrarlas con la suficiente lucidez y secuencia cronológica, más que una hazaña, es realmente una gran dicha.
Para los eternos soñadores que todavía creemos en una patria digna sigue habiendo motivos para no rendirnos ante las vicisitudes. ¡Vendrán mejores tiempos!
La inmediatez en la aceptación es nociva para nuestra salud mental. Juguemos con el factor tiempo: no todo lo que nos llega debe ser ingerido acto seguido.
La paz nacional, regional y continental nos beneficia directamente. Rechacemos las voces que promueven la guerra como vía de solución a los conflictos entre naciones.
El comportamiento de las cúpulas de gobierno no ha logrado encontrar una vacuna eficaz contra el virus de la corrupción.
La escasez o falta de agua potable, unida a una mala alimentación, viviendas inadecuadas y una educación insuficiente, favorecen el hambre y la insalubridad universal.
Juntos podemos detener el auge de la locura expansionista. Ninguna raza es superior ni mejor que las otras; más bien se complementan mutuamente.
Una de las mejores inversiones sanitarias gubernamentales es mantener oralmente sana a la población.
Confiamos en que los indicadores científicos se impondrán a la irracionalidad mercantil para el bien de toda la humanidad.
Veámonos con el lente de la hermandad universal, libre de odio y rencor, cargados de un gran amor al prójimo.
Entre todos, hagamos de la patria dominicana un nido de paz en el que no tengan cabida ni el odio ni el crimen.
Tengamos siempre presente a Juan Bosch, quien sostenía que cuando la economía norteamericana tiene fiebre, la nuestra padece una neumonía.
Somos un país pequeño tradicionalmente rico en falsas creencias y supersticiones alrededor de la salud familiar.
En tiempos cargados de pesares y miedo, de amenazas fratricidas, violencia extrema, odio racial, acoso al extranjero y persecución mortal, debemos alzar la bandera blanca de la paz y el amor al prójimo.