Fuerza mediática

12-02-2026
Salud
Ojalá, República Dominicana
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Es admirable la capacidad imaginativa del colombiano, laureado con el premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, autor de la famosa novela Cien años de soledad.

Fue en 2002, a la edad de 75 años, cuando publicó su relato autobiográfico titulado Vivir para contarla, donde narra sus vivencias desde la infancia hasta la propuesta de matrimonio a su esposa.

Aún con su prodigioso pensamiento mítico, pudo el Gabo predecir la potente influencia que tendrían las redes sociales en el mundo de hoy.

El periodista español contemporáneo Ignacio Ramonet, al igual que el historiador israelí Yuval Noah Harari, no advierte acerca del gran poder comunicativo de las plataformas mediáticas, hoy asistidas por el algoritmo de la inteligencia artificial.

Tan rápido y acelerado ha resultado ser el desarrollo de estas herramientas analíticas e informáticas, que muchos críticos recomiendan reducir la velocidad, el volumen y el bombardeo noticioso de carácter tóxico para mentes infantiles, adultas y seniles.

Tal es el poder mediático actual, que para muchos resulta casi imposible distinguir lo real de lo virtual. Las imágenes contenidas en vídeos con mensajes que no se ajustan a la realidad pueden llevarnos a falsas interpretaciones, lo que conlleva errores de consecuencias incalculables.

Los cientos de millones de receptores pasivos pueden ser inducidos a comportarse equivocadamente, con resultados potencialmente catastróficos para empresas e incluso naciones.

Antes íbamos al cine y sabíamos de antemano que la pantalla gigante nos mostraría un mundo imaginario creado en celuloide como forma de entretenimiento.

Ahora, al activar la pantalla de nuestro teléfono inteligente, nos sorprende una noticia de último minuto con apariencia de veracidad, que damos por cierta y compartimos de inmediato con familiares y amigos.

Nuestros contactos, a su vez, siguen la cadena informativa hasta hacer viral el mensaje, que luego el tiempo demuestra que era una noticia falsa.

¿Cómo prevenirnos de los asaltos informáticos modernos y evitar contagiar a los demás? Hoy más que nunca debemos auxiliarnos permanentemente con el filtro de la duda. No demos por sentado todo lo que nos cuentan o aseguran. Debemos resistir el impulso inicial que potencia el factor sorpresa.

La inmediatez en la aceptación es nociva para nuestra salud mental. Juguemos con el factor tiempo: no todo lo que nos llega debe ser ingerido acto seguido. Debemos detenernos a analizar y pensar antes de actuar.

La fuerza de la emoción hay que frenarla para dar paso al razonamiento crítico. Luego de sopesar las distintas vertientes contenidas en los mensajes, decidiremos si compartir o no el documento.

Admito que, como neófito en este redil, al principio compartía un alto porcentaje de las noticias recibidas. En los últimos tiempos puedo asegurar que comparto menos del dos por ciento de la información que me llega.

Solo cuando estoy convencido de la validez y la procedencia de un documento, me aventuro, de modo muy selectivo, a compartirlo con amigos o con personas muy particulares.

Aún con tales medidas de precaución, ocasionalmente tengo que excusarme por el reenvío inapropiado.

La fuerza mediática es tan poderosa como la gravitación universal, y sus efectos pueden resultar más devastadores que un estallido atómico.