Planificar el futuro de nuestra agua
El Indrhi ha distribuido este año el Plan Hidrológico Nacional con alcance hasta 2045.
En su página ocho dice: “El horizonte futuro que se considere debe ser suficientemente alejado como para poder contemplar un desarrollo significativo de las demandas que permita detectar, con el balance, aquellas zonas en las que es previsible que aparezcan problemas de suministro en el futuro y llevar a cabo en ellas análisis más detallados que permitan concretar las medidas a realizar”.
Y está muy bien planificar. Pero es que desde la Mesa del agua, rebautizada como Gabinete, se tiene suficiente información y hay documentos, como el del ing. Reynoso, en 2016, que ya advertían de los retos que se avecinaban en el manejo de nuestra agua.
El INDRHI siempre ha sido un ejemplo de recaudación de datos con su red hidrométrica nacional y, hasta hace poco, de gestión y gobernanza con la instauración de las juntas de regantes.
¿Por qué no se pudo planificar tomando en cuenta las cíclicas sequías de la Laguna de Rincón o Cabral conociendo el gasto hídrico del CAC para sus cultivos?
¿Por qué no se toma en cuenta a los pequeños productores y, sobretodo, por qué no se toma en cuenta a las más de 6,000 familias que viven de la pesca?
Ha llegado el momento de hacer más que diagnósticos y planes que luego ni se ejecutan ni llegan a políticas.
Para cobrar y regular según el consumo solo hace falta medir y cumplir las normas.
Pero solo pagan los pequeños usuarios. Los grandes terratenientes y compañías, como los de Valle Nuevo, Cafetaleros de Peravia, el CAC, la Barrick y las granceras secuestran y envenenan el agua de nuestros ríos y ninguna autoridad dice nada.
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