Llorando lágrimas de sangre

14-03-2022
Quiero que sepas
Ojalá, República Dominicana
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Que nuestra moneda, el peso dominicano, se ha apreciado en 1.4 por ciento, dijo el presidente Abinader el pasado 27 de febrero.

¿La verdad monda y lironda? Que esa afirmación no vale nada para el pueblo dominicano.

Cuenta para importadores, exportadores y remesadores.

Abinader sabe que lo persigue el fucú de los gobiernos de su partido y envía el mensaje de que en el  suyo no ocurrirán las devaluaciones dramáticas de Jorge Blanco e Hipólito Mejía.

¿La verdad verdadera? Que al pueblo se lo está llevando Birlibirloque. O sea, el demonio.

Porque desde que el cambio llegó—año y medio antes de que Rusia entrara en Ucrania—el peso dominicano empezó a perder capacidad de compra y el pollo pasó de 40 pesos la libra a 80 pesos; y el huevo pasó de 4 y 5 pesos, a 7 y 8 pesos; y el arroz pasó de 20 a 24 y 25 pesos, y el cemento que costaba 250 pesos pasó a costar 400 y 500 pesos. Algo de lo cual debe estar muy orgulloso el presidente, porque él es productor de cemento.

Parejo con aquel trágico deterioro del costo de la vida, el cambio descalabró a centenares de pequeños productores, privilegió las importaciones para pagar favores e importar más inflación.

De modo que la idea de que el peso se apreció en 1.4%, según el presidente, tendrá valor para quienes, como él, les interesa cambiar pesos por dólares para llevar a sus cuentas en el extranjero, o dólares por pesos para hacer negocios que les dejen muchos beneficios aquí; pero para el pueblo eso y nada es lo mismo.

En estos momentos nuestro pueblo está llorando las lágrimas de sangre que siempre le deparan los cambios de reversa.