Historias chiquitas

02-02-2021
Quiero que sepas
Ojalá, República Dominicana

Están en todas partes y a todas horas. Contadas desde millones de teléfonos celulares y distribuidas por las redes sociales.

A diferencia de las historias que las precedieron (orales, esculpidas, narradas por la canción, la pintura, la literatura, la fotografía y el cine), las historias chiquitas de hoy, por la naturaleza de la Internet, las prisas de la cotidianidad y la fortuna, son desechables. Para contarse una vez.

Como latidos de corazón, son incansablemente vitales para la convivencia.

Ellas catalizaron -por mencionar algunos hechos muy conocidos- la Primavera Árabe, Black Lives Matter, los Chalecos Amarillos o la lucha de campesinos dominicanos asociados para recuperar equipos de labranza confiscados por el gobierno.

Son atrevidas, ágiles y curiosas. Ya lo sabes.

Impiden desahucios, denuncian la violencia contra mujeres, niños y adultos mayores.

Sus protagonistas recuerdan a esa gente chiquita que se junta, se mueve y tiene propósito en las “Multitudes” de Juan Genovés.

Estas historias chiquitas ayudan a crear conciencia sobre desastres naturales y los efectos del Cambio Climático.

Contribuyen hoy a la desestigmatización del barrio en Somos de Barrio; promueven la visibilización de la clase media emprendedora en Historias por Cuenta Propia.

Pero también, nos comparten las  encrucijadas del alma, encuentros y desencuentros del amor y del desamor, como por ejemplo, en HumansofNY por Instagram.

Y no menos importante, hace muy poco, para registrar inconductas, combatir delitos, denunciar atropellos policiales y documentar atentados a la democracia como vimos recientemente en Washington.

Son instrumentos de legítima defensa.

Sin duda, con las historias chiquitas, los ciudadanos construyen nuevos espacios de libertad y de participación.

¿Has pensado cuál será tu próxima historia chiquita?