Especuladores y agiotistas, muertos de risa; Pro Consumidor, durmiendo

21-02-2021
Quiero que sepas
Ojalá, República Dominicana

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Ahora la palabra “commodities” es la favorita para justificar el chuchazo  de las subidas desproporcionadas de los precios de los artículos  de consumo masivo, tales como alimentos, medicamentos y artículos ferreteros.

No estoy desconociendo que las materias primas en el mercado internacional no hayan subido, a lo que me refiero es a que en estos momentos no existe ninguna entidad independiente del comercio que pueda establecer con objetividad que  los precios a los que nos están  vendiendo son justos o razonables.

Mientras  tanto, a Pro Consumidor lo mantienen bajo sedante, ahora habrá que esperar que lo despierten para saber si volverá a caminar con la misma eficiencia y efectividad que antes lo hacía, cuando mantenía a raya a los creativos del comercio local.

Para que se entienda mejor, en este momento, los dueños del sartén tienen las manos sueltas para establecer los precios a sus anchas y el gobierno, que debe jugar su rol de ser un ente de equilibrio, luce algo tímido, como si no supiera lo que está pasando.

Momentos como estos permiten a unos cuantos hacer grandes fortunas: mandan a la quiebra a pequeños competidores y luego terminan monopolizando el mercado.

Después que sacan del mercado a los emprendedores y pequeños comercios, entonces establecen las nuevas reglas del juego y estabilizan los precios, pero ya el daño social y económico está hecho. Nada mal la apuesta, ni la jugada.

De repente, es como si nos encontráramos ante el mito de Sísifo, aquel ensayo filosófico de Albert Camus, originalmente publicado en francés en 1942 como Le Mythe de Sisyphe, que cuenta la metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre por subir la piedra a la montaña una y otra vez.

La subida de los precios de los alimentos, sin importar cuál sea la causa crea un estado  de frustración y desasosiego en la gente, porque les  hace recordar cada vez que van a la pulpería, colmado, supermercado o  farmacia que tiene  menos dinero en el bolsillo para comprar lo que necesitan para el sustento diario.

Desde hace tiempo, se sabe que en esta isla conviven dos o tres Repúblicas Dominicanas, con sus grandes contrastes y desigualdades, nada sorprendente para  políticos que han hecho campaña y que no  sufran de Alzheimer.

Todo el que ha hecho vida política o empresarial en esta isla sabe muy bien  el efecto que causa en la vida cotidiana de los dominicanos y las dominicanas que viven cerca o bajo de la línea de pobreza fenómenos como la inflación, el desempleo, la escasez, la especulación y el agiotismo.

Por lo tanto, a los  pobres más que explicaciones y excusas, lo que necesitan es que las autoridades pongan en marcha su gran capacidad creativa para resolver un problema que hasta hace unos pocos días atrás no se tenía y que la comida, entre otros productos, llegue barata no solo a través del INESPRE.