El Gobierno ya no puede co la carga de sus escándalos
El más grande de los pedagogos del siglo XIX de Nuestra América—Eugenio María de Hostos—llevó a cabo una labor imborrable en nuestro país. Aquí descansan sus restos en el Panteón Nacional hasta que Puerto Rico sea libre, como fue su deseo. De su escuela saldría Pedro Henríquez Ureña para recordarnos que sólo la cultura hace libres a los pueblos, como ya lo había dicho José Martí cuando nos urgía a “ser cultos para ser libres…”.
Pero Nuestra América parió también a Paulo Freire, a quien el eminente Enrique Dussel consideró “el más grande pedagogo del siglo XX” y en ninguna de esas fuentes abreva hoy la educación dominicana herida de rampante conservadurismo.
“La educación es el otro nombre de la libertad”, proclamaba el expresidente Medina, idea que late en la pedagogía de aquellos inmortales de Nuestra América y en la de nuestro más grande pedagogo político: Juan Bosch.
La política educativa marca Abinader-PRM no ha honrado nuestra mejor tradición pedagógica. La ha deshonrado. Ahora atenta contra su presupuesto.
Para empeorar las cosas utiliza la escuela buscando lavar en los medios de comunicación y en una clase dizque de moral y cívica la cara de un gobierno acabado.
¿Qué clase de moral y cívica puede ofrecer quien evade impuestos en paraísos fiscales; cabeza de un gobierno lastrado por desfalcadores probados y delincuentes convictos, que daña nuestra educación rebajando su presupuesto y dilapidándolo siempre que puede?
Esa moral y cívica no es más que hipocresía; monserga seudoreligiosa; conservadurismo tradicional y gastado; propaganda de un gobierno que ya no puede con la carga de sus escándalos.
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