“Aut consiliis aut ense”
El mar estéril de la verdad absoluta.
Excúseme, tiene razón, compay gallo: suya es la única verdad indivisible.
Andan en carabela, con las velas desplegadas, ansiosos por descubrir mundos ya viejos, siempre armados de certezas absolutas: espadas cuatriboliadas, libros de misterios ocultos, dagas en sus guanteletes, arcabuces de un solo tiro, y mastines listos para devorar cualquier pensamiento ajeno, en nombre de egos trasnochados.
Personajes fantasmagóricos se cuelan como sombras en los puentes de mando y, cual jugadores de ajedrez, juran anticipar cada jugada del mundo. No hay hecho que no hayan previsto, ni error que no les sirva para alzar el dedo y decir, con júbilo de luna llena: “te lo dije”.
Levan anclas una y otra vez, rumbo al mismo mar estéril, en busca del vellocino de oro su única razón valedera y como en el Quijote, no se mueve una hoja sin su voluntad y su deseo.
Señores de horca y cuchillo: si los ve, cédales el paso. Van de prisa a ninguna parte y solo se detienen, jadeantes, para exorcizar cualquier idea que no se someta al espejo de su verdad, verdadera.
A. Tejeda
Lowell, Mass.
03/25/26