La trampa de la tecnología

08-12-2021
Ciencia, Tecnología e Innovación
Ojalá, República Dominicana

La tecnología nos hace más productivos, ¿verdad?

Desde el punto de vista de que podemos resolver tareas y diligencias desde nuestro teléfono, sin importar que estemos en la playa o en la casa, la respuesta es un sí muy obvio. 

También, si lo vemos desde el enfoque de aplicaciones diseñadas para facilitar tareas que antes eran repetitivas o limitadas a profesionales específicos, la respuesta es otro sí muy obvio. 

Ahora bien, ¿cuál es el costo de esta productividad aumentada de manera exponencial?

La respuesta está a la vista. Vivimos más pegados a una pantalla que a otra cosa, pues a través de esta resolvemos problemas, trabajamos, nos divertimos y nos comunicamos. 

Esta facilidad de resolver cualquier cosa en cualquier momento tiene su parte buena y su parte mala. La parte buena es más que obvia; la mala, no tanto. 

La tecnología nos obliga, en cierto modo, a trabajar más. Las redes sociales no tienen descanso. La gente no tiene descanso. Recibimos una queja o una denuncia sobre nuestro producto y/o servicio, y lo mejor que hacemos es atender más rápido que de inmediato. 

También hay un asunto de competitividad que se exacerba en redes. Si no mantenemos nuestras cuentas actualizadas, varias veces al día, damos la impresión de estar desfasados o quedados. Peor aún, si no usamos herramientas creativas para colocar fotos, videos y otros recursos con un toque diferente, tampoco estamos en nada. 

Se dice siempre que estas herramientas, desde las propias redes sociales hasta las aplicaciones puntuales de edición de videos y más, han democratizado las cosas. 

Hasta un punto es cierto: antes contratábamos a un profesional para diseñar logos, desarrollar línea gráfica, editar video y hacer fotos de calidad. Ahora, en la mayoría de los casos, resolvemos nosotros mismos con aplicaciones gratis o casi gratis. Esto tiene un costo oculto. 

¿Y cuál es ese costo oculto? Sencillo: la misma tecnología que nos facilita hacer estos trabajos es la misma que nos impide cobrar de manera justa por nuestros servicios. El resultado de esto es que vivimos en un “joseo” permanente, como se dice coloquialmente, y eso tiene efectos sobre nuestro bienestar en el largo plazo. 

Esta presión de crear y ser independientes pero exitosos a la vez ha llevado a la humanidad a ser lo más parecido a un hámster enjaulado. Estos roedores se la pasan dando vueltas y vueltas en una rueda de juguete, sin nunca llegar a ninguna parte.