La fragilidad de la tecnología, otra vez

06-10-2021
Ciencia, Tecnología e Innovación | Comunicación
Ojalá, República Dominicana

La semana de por sí había empezado caliente, con el caso Leslie Rosado y los Pandora Papers compitiendo por atención, sin embargo, este lunes las cosas tomaron un giro tan inesperado como intenso y global: las redes sociales se fueron a pique. 

En esta época de influencers, economía naranja y negocios digitales, un fallo en redes es más que una simple noticia, sobre todo cuando el fallo se extiende por horas. 

Con WhatsApp, Facebook, Instagram y Messenger fuera de servicio desde las 11:45 de la mañana -hora República Dominicana- del 4 de octubre, la gente de repente redescubrió la importancia de una red social como Twitter, la cual siempre ha destacado por ofrecer la mejor actualización en tiempo real sobre cualquier tema. También se acordaron de la existencia de Telegram, tanto que, momentáneamente, comenzó a dar problemas por saturación. 

La lección más importante que nos deja el masivo apagón de los servicios de Facebook, que al parecer obedece a un error de configuración, es que dependemos demasiado de estas herramientas para nuestra comunicación, nuestro trabajo y nuestra socialización.

La tecnología es frágil y sucesos como este nos sirven de recordatorio, pero debemos ir más allá y asumir las implicaciones. Estamos tan inmersos en este mundo digital que nos sentimos atados de manos cuando se caen estos servicios. No debe ser así.

Este lunes pasaron otras cosas interesantes. Por ejemplo, la gente recordó que ese teléfono que tiene en las manos hace llamadas telefónicas, sin requerir WhatsApp para ello. Redescubrió igualmente que los correos electrónicos sirven para coordinar trabajos y que la mensajería SMS todavía funciona.

No todo es redes sociales y no todo es Internet. Sobre todo, ahora que Facebook está bajo fuego por temas de poca ética, vendría bien evaluar nuestra relación con estos recursos. 

Aun cuando las redes sociales son buenas en principio, lo mismo que la Internet, sucede que el uso y abuso que hacemos de ellas han contribuido a fenómenos tan dañinos como las “fake news” y la cultura de cancelación. 

Claro está, este ejercicio de evaluación llega a su fin en cuanto las redes se restablezcan y la gente retome su ritmo normal. 

El apagón de esta semana en Facebook y sus plataformas, aunque épico, no será el último incidente de esta naturaleza. Mañana puede ocurrirle a Google, y en un mes podría darse un escenario peor y de mayor alcance. 

Nos conviene dejar de depender tanto de estos recursos y verlos como lo que son, un complemento de formas más tradicionales y robustas de trabajar, socializar y comunicar.