Aprender a respetar la privacidad del otro

24-04-2024
Ciencia, Tecnología e Innovación
Ojalá, República Dominicana
Compartir:
Compartir:

En esta época digital e híperconectada en que vivimos, es más fácil que nunca dejar un rastro de todo lo que hacemos, desde los lugares que visitamos hasta las amistades con quienes solemos compartir.

Todos conocemos las consecuencias de esa huella digital que vamos dejando: además de servir de combustible para publicidad personalizada y otras formas invasivas de sacarnos provecho a ese nivel, hay quienes se sirven de ella para engañarnos y hasta robarnos la identidad.

Una consecuencia de esta dependencia cada vez mayor de la tecnología es que quedan registros escritos de conversaciones, actividades y situaciones que antaño no hubiesen dejado rastros tan visibles.

En pocas palabras, nuestra preciada privacidad queda al descubierto con cada chat e interacción en redes sociales, sin importar que nuestras redes sean privadas o que nuestros servicios de mensajería estén debidamente protegidos. Es más, ni siquiera restringir el acceso a nuestro smartphone con contraseñas, reconocimiento facial o otras opciones impide acceso a nuestra intimidad.

En relaciones de pareja, el smartphone, las aplicaciones de mensajería y las redes sociales se han vuelto un campo de batalla más, todo por la imperiosa necesidad del ser humano de curiosear e indagar en temas que, se supone, son privados.

No es casualidad que las tiendas de aplicaciones están llenas de programas que prometen espiar de manera muy efectiva en esos dominios personales, con anuncios bombardeando cada visita a las redes sociales. Hay, asimismo, aplicaciones que prometen identificar quienes ven el perfil, las historias y demás actividades que se realicen en esas plataformas.

¿Para qué es esto? La mayoría de la gente confiesa usar estos recursos motivados por celos, para ver con quién o quiénes interactúa su pareja, qué se dicen, qué traman o si hay, quizás, alguna situación que amerite una confrontación.

Este comportamiento, además de denotar desconfianza, es violatorio de la privacidad e intimidad del otro, con consecuencias muchas veces insospechadas y con el agravante de que no siempre esas “evidencias” que se encuentran en esas expediciones de espionaje cuentan la realidad completa.

El ser humano es complejo con las relaciones que entabla a lo largo de su vida. Hay gente con una camaradería de años que se refleja en una forma de conversación que podría dar pie a malas interpretaciones. Pasa también lo contrario, relaciones muy formales por escrito que esconden algo más.

En vez de buscar formas de ganar acceso a las conversaciones privadas del otro, quizás sea mejor trabajar en tener relaciones más transparentes y honestas con quienes nos rodean.

Esto es tan solo un ejemplo de cómo tanta tecnología ha trastornado todo.