Uber no es el enemigo

Anjá | Transporte
30-03-2021
Ojalá, República Dominicana

 2.28 min
Para taxistas a nivel mundial, Uber es el enemigo, la compañía que, con su enfoque tecnológico y de precios ajustables según el viaje y otras condiciones, amenaza constantemente con dejarlos sin oficio.

El odio hacia Uber es generalizado, tanto que, en Estados Unidos, de donde es originaria la compañía, la mayoría de los hoteles, plazas comerciales, aeropuertos y demás lugares de mucho flujo tienen puntos de entrada y salida separados para taxis tradicionales y estos servicios.

Es un hecho que Uber no es la única compañía de transporte personalizado que se maneja a través de una aplicación, pero el hecho de haber sido la primera hace que sea el referente del odio entre transportistas más tradicionales. La agresividad con la que se han manejado, donde no han faltado violaciones a las leyes y a la ética misma, no les suma puntos en popularidad.

Uber lleva desde noviembre de 2015 operando en República Dominicana, y aquí, también, se escenificaron fuertes protestas en contra del forastero que venía, en opinión de choferes del concho y servicios de taxi privados, a acabar con todo.

En los más de cinco años que lleva Uber en el país, ha habido varios incidentes, pero, quizás, ninguno tan grave como el que se ha estado viendo en los últimos meses en el Este del país, específicamente en Punta Cana, donde empezó a operar en agosto del año pasado.

Sucede que la mayoría de los turistas que llegan al país ya tienen Uber instalado en sus teléfonos, y, de por sí, hay una preferencia y una confianza hacia ese servicio con relación a servicios locales que son desconocidos y que probablemente no gocen de la mejor fama, esto partiendo del pésimo historial de accidentes registrados en la región turística más importante del país.

Se supone que República Dominicana es un país libre donde ciudadanos y visitantes tienen derecho a usar los servicios que más les plazcan, pero, en el tema del transporte, las cosas no son así.

Todos aquí conocemos a los sindicatos del transporte, y de lo que son capaces. En defensa de sus intereses, esos sindicatos, representados por sus choferes, han estado protagonizando incidentes muy bochornosos que no solo crean un ambiente de miedo e incertidumbre a turistas incautos que arriban a Punta Cana, sino que hacen un terrible daño a la imagen del país y al turismo como tal.

Aunque el pasado 21 de marzo Uber firmó un acuerdo de entendimiento con el Gobierno -representado por el director ejecutivo del INTRANT- para sus operaciones en Bávaro y Punta Cana, hay que decir que, por muchos meses, las autoridades descuidaron su rol en el tema, llegándose al extremo de apoyar abiertamente a unos sindicatos que se caracterizan por manejo temerario, trato poco profesional y vehículos en condiciones menos que adecuadas.

Uber, aun cuando pudiera parecerlo, no es el enemigo. Más bien, representa una oportunidad de mejora para esos sindicatos y servicios tradicionales de transporte que, la mayoría de las veces, al menos, tan solo contribuyen al caos vial.