Pulpos y pulpitos en la mitología política dominicana


No hay que dejarse intimidar por el lenguaje. El lenguaje es siempre parte del aparato manipulador. De ahí la brutal propaganda en la llamada operación antipulpo. 

Cualquier ciudadano del sistema capitalista con un mínimo de ambición tiene vocación de pulpo. Además, es legal, y legítimo. Es parte de la lógica con que evoluciona y ha evolucionado el capitalismo en cualquier parte del mundo. 

Todos los grandes capitalistas de aquí y de allá son grandes pulpos. Tienen inversiones [tentáculos] en la energía, la industria, las finanzas, el comercio, el turismo, la agropecuaria… ¡y son los principales clientes y socios del Estado! Para remate, son dueños de los medios de comunicación y disfrutan del privilegio de que nadie les llame PULPOS.

Tome uno solo de los apellidos sonoros de nuestro país, por ejemplo, y lo verá replicar sus tentáculos (cual enormes pulpos mitológicos) en todos los intersticios de nuestra sociedad.

Gobiernan de hecho nuestras vidas vía la comunicación y la publicidad pero a “imparciales”, “impolutos” y moralizantes periodistas eso les resulta normal.  

El propio presidente de la República, para no ir más lejos, es parte importante ya de ese gran equipo de pulpos que dirige el país. Una rápida ojeada a su condición de capitalista lo encontrará con inversiones en construcción, educación, turismo, finanzas y hasta en paraísos fiscales, según declaró él mismo, sin que despierte la curiosidad de ningún “influencer”, comunicador o comunicadora.

El problema surge cuando cualquier dominicano que no es tentáculo de aquellos enormes pulpos empieza a tener pretensiones capitalistas y a querer evolucionar hacia la condición de pulpo natural del capitalismo. Empieza a ser sospechoso. Más aún si es familiar de políticos caídos en desgracia.

Ese es uno de los problemas graves del caso que nos ocupa. Ese apellido no suena como el de los grandes pulpos de la mitología capitalista dominicana. 

Ya lo dijo don Hipólito Mejía en su momento: ni siquiera es de la Capital o de Santiago. Es de una jurunela (aplatanamiento muy dominicano del término huronera). Imagínese usted: Arroyo Cano, San Juan. No puede ser. Es pulpito indeseable.

Peor aún, las pretensiones capitalistas del pulpito en cuestión, que podrían ser totalmente legítimas dentro del sistema, no sólo tienen aquel impedimento, que podría ser menor.

Tienen otros problemas: 1. Son sospechosas por ser de quien se trata. 2. Se ubican en un partido que perdió las elecciones; un partido condenado desde aquí y desde allá a ser desplazado del poder. 3. Chocan con sectores de su propio partido que deciden dividirlo para dar paso a otros pulpos y pulpitos. En resumen, se las ve como parte de una fuerza a la que hay que destruir.

En efecto, al PLD, es natural, lo quieren destruir el PRM y sus pulpos y pulpitos para garantizar su permanencia en el poder el tiempo necesario para hacer crecer aún más sus tentáculos.

Lo quiere destruir Leonel Fernández por resentimiento y otras razones y de ahí su alianza con el Gobierno.

Peor aún, lo quieren destruir algunos ‘comunicadores’ y ‘comunicadoras’ consagrados por el establishment y fanatizados por muchas razones y lo quieren destruir los aliados dominicanos del fanatismo xenófobo, anti-LGTB, negador de las tres causales, asimilados a la agenda de extrema derecha internacional. Hasta la Embajada tuiteó.

Como se ve, es muy grande y poderosa la alianza de fuerzas contra el PLD. De ahí su poder mediático abrumador que ha instalado con éxito un paredón “moral” deletéreo en las redes sociales que ya cobra vidas.

Todo el mundo no tiene la misma contextura sicológica. Agréguese a todo esto los propios errores del PLD.

El propósito supuestamente moralizante muere en la unidad con Leonel Fernández. Así que, en verdad, por muy grande que sea lo que hayan hecho los perseguidos, despojados de antemano hasta de su identidad y condenados por adelantado, lo verdaderamente importante es que hay que destruir al PLD.

Porque en las altas alturas se lo percibe proclive a la autodeterminación, a la autosuficiencia; incluso similar al PT de Brasil, al MAS de Bolivia, al peronismo kirtchnerista, filosocialista, socialdemócrata, etc., etc., etc., aunque al PLD le falte mucho todavía para alcanzar esas latitudes. La verdad sea dicha.

Porque, además, el PLD es la única verdadera oposición que hay actualmente en el país. Es la auténtica segunda mayoría, aunque todos los tribunales se prosternen ante el gobierno y la FUPU y lo despojen de esa condición con sus decisiones. No se tapa el sol con un dedo.

No hay que dejarse intimidar por el lenguaje ni por la vendetta. De pulpos y pulpitos están llenos todos los países capitalistas y los partidos y sus ventosas siempre terminan aferradas al Estado.