Reflexionar y aprender

04-03-2021
Quiero que sepas
Ojalá, República Dominicana

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Si algo nos queda claro de la presente situación pandémica es la naturaleza corrosiva de la misma para todo el tejido social y económico, dando por descontado sus efectos sobre la salud colectiva e individual.

El sufrimiento general de la población mundial, y especialmente la nacional, es de leyenda. Gente de la tercera edad, tan necesitada habitualmente del afecto y calor de los suyos, se han visto de repente bajo un encierro terrible con repercusiones mentales y afectivas importantes. Víctimas propicias del Covid 19.

Niños bajo el rigor de la limitación de la socialización, tan importante para su desarrollo, alejados de la escuela y de sus compañeritos de curso.
Gente joven y de edad mediana estresados por la pérdida de los empleos, el cierre o limitación de sus negocios e ingresos.

Gobiernos puestos en apuros económicos al caer áreas importantes para su sostenimiento económico-financiero en un contexto en que los Estados Nacionales han retornado y asumido la protección de sus ciudadanos y sus empresas, casi solos.

La cooperación y solidaridad de los grandes países menguada. Es más, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha llegado a denunciar este insólito caso de egoísmo e indolencia de esos países como una crisis ética no desdeñable.

Pensar que cada país puede salvarse y recomponerse solo es una insensatez que el virus no tardará en cobrar, pero singularmente contra los menos favorecidos por la fortuna.

El desafío es para la reflexión responsable, para aprender de la pandemia.
Pretender desconocer el acervo económico, social y cultural alcanzado bajo la sola mirada de una beatitud moral es reducir la complejidad de la crisis a un chiquero de buenos nosotros y malos los otros.

Bajo semejante mirada, la cooperación y articulación de todos los actores en pro de una respuesta nacional común pierde espacio, potencialidades y equilibrio. La incertidumbre de amplios sectores, aunque parezcan sin merecimiento alguno, generará, por sí misma, más complejidad y más amenazas a la gobernabilidad.

Canibalizarlo todo, desnaturalizar la política por ventajas de ocasión, es el mejor consejo para el fracaso general.

Hagamos un esfuerzo reflexivo para aprender y aprehender lo sustantivo de esta borrasca sanitaria inconclusa y desafiante. La vida postpandemia no será la “normalidad” perdida y demandará creatividad e innovaciones inauditas en un contexto de mayor pobreza e inequidad.