La comunidad nunca olvida a quien nunca la abandonó

05-07-2026
Política
Ojalá, República Dominicana
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Cuando un trabajo social y comunitario se desarrolla de manera humana y desinteresada, ese que impacta vidas, que acompaña a las comunidades en sus luchas y sus sueños, en sus dolores y alegrías, en sus triunfos y derrotas; cuando conoces las carencias que día a día viven los seres humanos de esa comunidad porque vienes de ahí mismo.

Cuando sabes todo lo que han tenido que enfrentar para alquilar una vivienda a un costo elevado, para tener acceso a una atención médica digna y a los medicamentos, para acceder a un sistema de justicia penal en igualdad de condiciones.

Cuando conoces lo que significa un empleo mal remunerado, la ausencia de sindicalización en grandes corporaciones y entiendes que, para muchos, la única opción ha sido luchar todos los días para salir adelante, a pesar del estigma de ser inmigrante, vengas de donde vengas.

Cuando alzas tu voz para denunciar genocidios contra pueblos y, sobre todo, contra niños; cuando tus pensamientos están guiados por la compasión, la empatía y la justicia esa que hoy algunos califican de «justicia social», pero que simplemente es justicia.

Cuando comprendes que la condición humana está por encima de cualquier etiqueta ideológica, sea de izquierda, de derecha, liberal, conservadora, creyente o atea, entonces no debería extrañarle a nadie que una persona así gane una contienda en una comunidad a la que nunca le dio la espalda, porque se formó en ella.

Pienso firmemente que la comunidad dominicana en el Distrito 13 apenas representa entre un 30 % y un 40 % de la población, y que ni siquiera todos están habilitados para votar.

Pero tampoco creo que quienes sí podían hacerlo estuvieran dispuestos a comprar un discurso basado en la descalificación. Al fin y al cabo, son inmigrantes. Saben lo que significa vivir con estigmas, sufrir humillaciones y enfrentarse a condiciones que muchas veces nunca fueron verdaderamente iguales para ellos.

Ese distrito no está compuesto únicamente por dominicanos. Allí conviven otros hispanos provenientes de distintos países; existe una importante comunidad afroamericana que, al igual que muchos inmigrantes, conoce por experiencia propia las consecuencias históricas de la desigualdad en el acceso a la vivienda, la justicia, la salud y las oportunidades. También hay una comunidad de ciudadanos blancos con una visión liberal, además de un componente generacional que, a mi juicio, fue determinante.

Darializa Ávila Chevalier logró conectar con quienes durante mucho tiempo han permanecido en los márgenes. Conectó porque hablaba desde la experiencia compartida y no desde la distancia.

Porque conocía la comunidad no por estadísticas, sino por haber crecido en ella. Esa empatía es la que una nueva generación parece estar reclamando y replicando cada día con mayor fuerza.

A pesar de los ataques, la comunidad terminó respaldando a quien había estado con ella durante años. Y creo que ahí reside la verdadera explicación del resultado. Las comunidades rara vez se equivocan cuando reconocen a quien ha compartido su vida antes de pedirles su voto.

No creo que una campaña basada en etiquetas o en la confrontación haya logrado conectar con una realidad mucho más profunda.

La política puede ganar debates en las redes sociales, pero las elecciones se ganan cuando existe una relación auténtica con la gente. Ninguna estrategia de comunicación puede sustituir años de presencia, coherencia y compromiso.

Lo ocurrido en el Distrito 13 debería servir de reflexión para los nuevos políticos y también para los de mayor experiencia. Debería servir para quienes diseñan políticas públicas de espaldas a las mayorías.

Al final, las campañas de descalificación y las narrativas construidas únicamente desde las redes sociales difícilmente pueden imponerse cuando se enfrentan a algo mucho más poderoso: la confianza que nace de una comunidad que se siente representada.

Como dominicanos, deberíamos sentirnos orgullosos de que una joven, y además mujer, alcance una posición desde la cual pueda impulsar políticas públicas que, ojalá, se conviertan en referentes para el gran hermano del norte.

Independientemente de las diferencias ideológicas que cada quien pueda tener, siempre será motivo de satisfacción ver a una dominicana llegar tan lejos por el trabajo construido junto a su comunidad.