¿Por qué no hay perros en la Antártida?

30-03-2022
Medioambiente
ECOticias

Un peligro medioambiental

Este Tratado Antártico relativo a la protección del medio ambiente designa a la Antártida como una reserva natural dedicada a la paz y la ciencia. Este protocolo refuerza un antiguo sistema, que se había expandido gradualmente, ya que desde 1964 se excluye la introducción de especies exógenas en el continente helado.

Sin embargo, esta prohibición no se aplicaba a los perros de trineo, puesto que se dispuso la entrega de permisos especiales que permitieron su introducción ‘en cantidades limitadas y bajo estrictas medidas de seguridad en cuanto a vacunación y salud’, como medio para suministrar alimentos esenciales dentro del área del Tratado.

Esta excepción estaba justificada por el hecho de que, en aquellas épocas las tecnologías de transporte aún estaban muy poco desarrolladas. Pero a día de hoy solo se emplean vehículos motorizados, lo que enfatizó aún más los riesgos medioambientales de la presencia de los canes en la Antártida.

Además, como se los había alimentado con carne de focas se temía que hubiera fugas de perros que acaban deambulando por tierra firma y representaran un peligro potencial para la fauna silvestre, porque los cazasen para comer o porque les pasaran el moquillo, una enfermedad muy viral y contagiosa. Por esa razón en el Protocolo de Madrid se optó por prohibir también a los perros en la Antártida.

No más perros

Por esa razón a partir del 1 de abril de 1994 no hay más perros en el continente antártico y ni en las plataformas de hielo, ya que todos los que estaban allí fueron evacuados antes de esta fecha. En cambio, en el Ártico, los perros de trineo gozan del derecho de ciudadanía y se los considera casi imprescindibles.

A partir de la firma del Protocolo de Madrid no se puede introducir ninguna especie animal o vegetal que no sea nativa del área del Tratado Antártico, a menos que se haya otorgado un permiso especial y específico previo para tal fin (de que los perros también están excluidos). El año pasado durante el transcurso de la última Reunión Consultiva del Tratado Antártico, en la Declaración de París se ratificó esta prohibición con el fin de proteger el medio ambiente antártico.

Múltiples riesgos

Existen muchas personas que lamentan profundamente esta prohibición absoluta y recuerdan que, los perros de trineo eran un modo de transporte sostenible y mucho menos dañino para el medio ambiente, que cualquiera de los vehículos que se emplean en la actualidad y que son responsables de altos índices de contaminación.

Por ello resulta vital que los Estados que tienen presencia en la Antártida permanezcan muy atentos y vigilen el comportamiento de sus connacionales. De hecho, las autoridades de Noruega, han recibido varias solicitudes para que otorguen un permiso de excepción que les permita llevar perros a la Antártida como parte de la celebración del centenario de la primera expedición al Polo Sur y en 2018 llegó a las costas antárticas un señor que recorría los mares del sur con una gallina a bordo y al que no se le permitió acercarse al continente helado.

El Protocolo de Madrid es muy claro: ninguna especie exógena debe llegar a la Antártida, puesto que representaría un riesgo muy grande para la fauna autóctona y para el medio ambiente local. Y es que en realidad bastante daño le hace ya la especie humana al continente más austral del mundo.

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