Política monetaria vs. política fiscal


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Esta semana se registró un choque de trenes. El Banco Central y el Ministerio de Economía colisionaron por unas declaraciones del viceministro de Economía Pavel Isa Contreras, quien señaló al periódico Hoy que “la política monetaria se agotó en el país y ya no tiene más espacio para estimular la economía.” La respuesta del Banco Central vino del subgerente de Políticas Monetarias, Cambiaria y Financiera, Joel Tejeda Comprés, quien rechazó esas declaraciones y defendió la capacidad del organismo emisor de tomar medidas adicionales a favor de la recuperación económica.    

La credibilidad es el principal activo de la política monetaria para alcanzar y mantener la estabilidad de precios. Un entorno caracterizado por tasa de inflación cercana a la meta y con baja volatilidad permite decisiones de inversión y consumo compatibles con un mayor nivel de crecimiento económico sostenido. Hay que recordar que, en el caso dominicano, el 85% de la expansión del PIB se explica por las decisiones del sector privado. En consecuencia, una política monetaria es efectiva si lograr mantener las condiciones propicias para que los agentes económicos inviertan y consuman, expandiéndose el valor agregado, el empleo y el nivel de bienestar de la población. 

La política monetaria se utiliza activamente cuando el nivel del PIB se encuentra por debajo del potencial o tendencial. En ese entorno macroeconómico se aplica una política monetaria expansiva, sea mediante la reducción de la tasa de interés de referencia o, cuando se agota el espacio para reducirla, mediante la aplicación de medidas monetarias no convencionales con carácter transitorio, que expandan la cantidad de medios de pago en circulación y estimulen la demanda agregada de bienes y servicios, tomando en consideración la restricción que establece el hecho de que el peso dominicano no es una moneda de reserva. 

Dado lo anterior, hay que reconocer que la política monetaria ejecutada desde marzo de 2020 ha sido la adecuada, pues ha estimulado la economía y las expectativas de inflación se han mantenido ancladas en el entorno de la meta del 4%, tasa interanual que se pudiera alcanzar en un horizonte de política de 18 meses. Con extraordinaria rapidez se aprobaron en marzo pasado medidas de reducción de tasas de interés y de expansión de liquidez, por una suma que hoy ronda en el entorno de los 215 mil millones de pesos, que permitió un significativo incremento del número de préstamos a bajas tasas de interés en beneficio de los sectores productivos y las familias. Esto redujo el impacto negativo sobre el valor agregado, el empleo y la pobreza provocado por el confinamiento impuesto por las autoridades ante el avance del covid-19. 

La recomendación de Pavel Isa de ejecutar una política fiscal expansiva debe ser escuchada por el propio gobierno, en particular por aquellos funcionarios que quieren ajustar las finanzas públicas vía reducción del gasto. A pesar de que en el presupuesto de 2021 se estableció un monto de gasto de capital superior a los 120 mil millones de pesos, en los primeros dos meses del año la inversión pública ha estado en el entorno de un 15% de lo presupuestado. Esto sugiere que el gobierno tiene problemas para ejecutar el gasto de capital. Por eso le recomendé hace meses al presidente Abinader que se haga aprobar una ley especial, con cuatro o cinco grandes proyectos de infraestructura, que le permita ejecutar 50 mil millones de pesos de forma acelerada. De lo contrario, el aporte de la política fiscal en el proceso de recuperación económica seguirá siendo muy reducido e irracionalmente procíclico. Ante esa situación macroeconómica, la única opción es seguir contando con la política monetaria.