Eberto Lalane José

13-04-2021
¡Te lo dije! | Cultura
Ojalá, República Dominicana

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No fue una leyenda urbana, tampoco un mártir de los que ejecutan las mentiras históricas, porque cuando uno de sus compañeros lo llamó “El Fiero”, supo que él era más que mil ejércitos. Un hombre común, nacido del pueblo y para el pueblo, con el espíritu tan alto como aquella constelación perdida, uno de los unicornios de aquella isla del Caribe, maltratada y saqueada desde su colonización. 

Él, con una sola misión en su vida, liberar a su tierra amada. Solidario con sus iguales, protector aún en sus últimos halos de vida, valiente aun estando en desventaja. Con la moral tan alta que sus verdugos, por más títulos y condecoraciones, por más escritos que los señalan como libertadores, jamás podrán levantar cabeza donde se mencione su nombre: Eberto Giordano Lalane José (El Fiero) segundo al mando de aquel inolvidable grupo de hombres de Playa Caracoles.

Él fue uno de los tantos que logró abrir el camino para nosotros, para que pudiéramos ser libres, buscar una vida más humana, poder caminar por las calles sin miedo a expresar y a gritar nuestros ideales. Fiero, donde estés, a pesar de las traiciones, tu nobleza y entrega seguirán levantando espíritus.

Algún día, esa primavera florecerá en otras generaciones, que ya no estarán contaminadas de las mentiras de ciertos historiadores, que los hacedores de tranza y compradores de ideales no podrán jamás comprender o detener.

No será como soñaste, pero sí igual de humana. Igual que las playas vedadas para tus iguales, que las tierras robadas a los que la siembran, volverán a colocarse, como dijo el Poeta, en el mismo trayecto del sol. Porque la grandeza radica en mantener las creencias y espíritu, no importa que las balas vengan de alguno que dijo que era hermano o amigo, de los que piensan que lograron un nombre, sabiendo que corrieron por la puerta de atrás.

Algunos de esos han querido ensalzar tu nombre, sentirse parte de los que ellos abandonaron, solo que saben que siempre fueron cobardes. Gritarán en silencio cada noche sus miedos y su traición, te pedirán perdón en sus noches, tendrán pesadillas con los miles de fantasmas de la Patria, pensando que alcanzarán tu dimensión.

Porque como escribiste un día: “Por suerte he leído muchas expresiones de distintos países y he encontrado que para lograr un objetivo como el que nos planteamos, hay que aferrarse hasta la victoria o hasta la muerte. Mil veces es preferible morir equivocado intentando el objetivo en el que se ha comprometido la palabra, que dar y comprometer la palabra y al menor inconveniente en el camino, cambiar de objetivo”.

Gracias, Fiero, por mi libertad y la de la Patria, incluyendo la de tus verdugos, porque no dejaste espacio para odiar a los que una vez soplaron el mismo viento de una nueva primavera.