Mi hermana la marrana

Cine
28-05-2021
Público, España

«Tuvimos la revolución industrial, la revolución digital, la revolución sexual, la revolución social y ahora es el momento de la revolución de la empatía». Y no hay esfuerzo humano eficaz para resistirse a esa empatía después de ver la nueva película del cineasta ruso Victor Kossakovsky, ‘Gunda’. Una joya valiosísima, con una potencia emocional sorprendente, una intensa belleza y un logro increíble: este gran artista arrasa, desde esta preciosa obra, con todos los estorbos que nos impiden ver y sentirnos en nuestra auténtica dimensión, en un nivel idéntico al del resto de los seres vivos del planeta.

Gunda es una cerda, acompañada de una recua de lechones. Conviven en una granja con unas cuantas vacas y algunos gallos, uno de ellos, cojo. Solo, miren y escuchen. Kossakovsky, convencido de que su labor desde el cine es mostrar lo que no vemos o lo que no queremos ver, nos adentra en el universo animal (y esto no es un documental de naturaleza) y en su misteriosa conciencia, de la que hemos huido y a la que hemos ignorado «para evitarnos dilemas difíciles de digerir». No en vano, ya hay voces que coinciden: «Después de verla, consumir carne simplemente no es posible».

Las barreras que separan las especies 

Rodada en blanco y negro, la película reúne naturaleza, vida y arte. Sin una sola palabra, a salvo de las interferencias del lenguaje; al ritmo de estos animales, rodeados de sus propios sonidos y de los de ese campo y esos árboles, el cineasta establece la hermandad de estos con los seres humanos. Victor Kossakovsky revela reacciones y emociones compartidas y conmueve profundamente.

«Kossakovsky ha creado una meditación visceral sobre la existencia que trasciende las barreras que separan las especies. Kossakovsky ha confeccionado una pieza de incalculable importancia y talento», ha dicho Joaquin Phoenix, productor ejecutivo de la película, en la que se embarcó entusiasmado desde su defensa de una vida vegana. El actor ha sido una pieza fundamental para que ‘Gunda’ se difunda entre la comunidad cinematográfica, que unánimemente ha aclamado la película.

«Somos asesinos»

«Es puro cine», ha escrito el cineasta Paul Thomas Anderson. «Me afectó emocionalmente de una manera extraordinaria», ha reconocido la directora y guionista Lynne Ramsay. «Nos invita a vivir, mediante un retrato de sublime intimidad, el misterio y el poder de la existencia», ha afirmado Alfonso Cuarón. Y así unos cuantos más, hasta la sentencia definitiva de Alexander Sokurov: «Kossakovsky es el único director de cine digno de un Premio Nobel».

En verdad, ‘Gunda’ es un poema que nace de la vida, pero que augura la tragedia. En el planeta habitan varios cientos de millones de cerdos, unos mil millones de reses y más de 20.000 millones de pollos. Solo en Europa, comemos cada uno alrededor de 80 kilos de carne al año; en Estados Unidos, más de 100 kilos, a veces incluso 120 kilos. Si alguien vive 100 años y come carne todos los años, habrá engullido 10.000 kilos de carne. 

«Así que, cuando llegues al final de tu vida, habrá algunas montañas detrás de ti, la primera será una enorme montaña de plástico y la segunda de huesos de animales –declaró el cineasta en una entrevista con The Guardian-. Esto es lo que hacemos, matamos más de mil millones de cerdos al año, matamos quinientos millones de vacas, matamos 50 mil millones de pollos, matamos billones de peces al año. Somos asesinos».

El cineasta ruso Víctor Kossakovsky.
El cineasta ruso Víctor Kossakovsky.  Filmin

«Sin propaganda vegana»

La decisión de Victor Kossakovsky de mostrar lo «que no queremos ver» no es una obsesión reciente. Este cineasta a menudo bromea sobre su condición de «primer vegetariano de la Unión Soviética». Tenía cuatro años, momento del que conserva sus recuerdos más felices, jugando al lado de su amigo Vasya, hasta el día que en sirvieron a su compañero en un plato en forma de chuleta de cerdo. Devastado, aquel instante se mantiene intacto en su cerebro. 

Como cineasta, reconoce en las notas de producción de su filme que «siempre he querido hacer una película sobre las criaturas con quienes compartimos la Tierra, sin subestimarlas ni humanizarlas, sin sentimentalismos ni propaganda vegana».

El compromiso de este cineasta es tan hondo que, efectivamente, no necesita reclamos ni armas ni trucos o moralinas para expresar lo que siente. ‘Gunda’ no es ningún panfleto, es arte y como tal contiene la capacidad de conmover. Y la misma realidad de este animal llevó a Kossakovsky a sumarse a una huelga de hambre de seis días en apoyo al activista ruso de la oposición Alexei Navalny. «Fue un acto de empatía por su madre, que para mí era Gunda. Su hijo le fue quitado. Nos detuvimos cuando se cumplió nuestra demanda de que lo visitara un médico. Estaba feliz, porque al menos su madre pudo dar un suspiro de alivio», explicó al periódico británico, a quien anunció satisfecho que Gunda está a salvo. El granjero que la crió, después de ver su película, se sintió incapaz de sacrificarla. 

Una escena de la película.
Una escena de la película.  Filmin

Todo esto va mucho más allá del cine, más allá del arte. Como el propio cineasta recuerda, hace ya 120 años, Tolstoy escribió que no cambiaremos la esencia de nuestras vidas a menos que dejemos de matar. «No sólo tenemos que aceptar que matarnos entre nosotros está mal, sino que tenemos que ver que el acto de matar en sí, sea a quien sea, es terrible. Una vez lo entendamos, la guerra desaparecerá».