Sostenibilidad: ¿Qué podemos hacer con todo ese plástico?

Rocío Díaz - 06-10-2020

Pese a su indiscutible utilidad en diferentes áreas de la vida, desde medicina y manufactura hasta electrodomésticos y decoración, los plásticos son ahora mismo una especie de enemigo número para el planeta Tierra, amenazando seriamente la sobrevivencia a largo plazo de toda forma de vida, incluyendo la humana.

Para tener una idea de la gravedad del problema basta tomar en cuenta la advertencia que en 2016 hiciera la marinera retirada Ellen MacArthur: “De seguir las cosas como van, habrá en los océanos más plástico que peces para el año 2050”.

Sin dudas se trata de un prospecto triste y a la vez impactante, tanto que numerosas campañas han surgido desde ese entonces con la sola intención de crear conciencia y comprometer a la gente hacia un cambio que, si bien no puede revertir totalmente el daño, al menos detenga el inexorable daño que estamos haciendo al planeta.

Una de las más recientes y llamativas en ese sentido es la del Centro de Recursos del Agua (CREA), a propósito del Día Mundial del Medioambiente el pasado 5 de junio: https://www.youtube.com/watch?v=2_gUollvZxQ.

Lo que podemos hacer

En respuesta a una preocupación creciente y apremiante varios gobiernos a través del mundo han dado un primer paso al prohibir, o al menos limitar, la cantidad de plástico desechable para uso individual en tiendas y comercios.

El hecho de que los plásticos duran hasta mil años en descomponerse, unido a una cultura consumista que tiende a botar las cosas antes que reutilizarlas, nos ha puesto en esta situación vulnerable.

Conjuntamente con los esfuerzos de concienciación que se llevan a cabo a nivel mundial, las acciones legislativas a nivel gubernamental y la activa participación de activistas que han tomado como suya la causa hay ahora una mismo una serie de iniciativas que buscan ofrecer alternativas biodegradables al plástico o, en algunos casos, dar un uso creativo y funcional al ya existente.

En Indonesia, por ejemplo, está el proyecto Avani Eco, que hace fundas plásticas biodegradables a partir de la yuca y contenedores de comida, cubiertos y demás a partir del bagazo de la caña de azúcar.

 En México, por su parte, la empresa Biofase encontró la forma de hacer calimetes, llamados también popotes o pajillas, sostenibles a partir de la semilla del aguacate.

Considerando la cantidad de aguacate, yuca y caña de azúcar que se consume en la República Dominicana, sería factible estudiar estos procesos y replicarlos. Hay una oportunidad a varios niveles de seguirse este enfoque sostenible.

A veces no hay que ir tan lejos al buscar una alternativa. En Malibú, California, donde están prohibidos los calimetes desde el 1 de junio, un café en la playa –Paradise Cove– tuvo la genial idea de sustituirlos por pasta delgada cilíndrica italiana con agujeros en ambos extremos, tomando la precaución de informar a la clientela por si hay casos de intolerancia al gluten o alergias a ingredientes de la pasta.  

En India, donde el problema de la basura y los plásticos es serio, hay una empresa de cucharas y otros implementos comestibles.  

En Polonia, la startup Biotrem se ha unido a esta tendencia de plásticos comestibles, biodegradables y sostenibles, empleando una base de trigo. En Florida, la cervecería Saltwater Breweryhace anillas comestibles para sus latas de cerveza a partir de sobrantes de su producción.

La idea es que, si caen al agua, como suele ocurrir, la vida marina no sufra al comerlas o al quedar atrapadas en ellas, debido a que se disuelven rápidamente en agua.

Con el plástico sobrante y existente pueden hacerse muchas cosas. A modo de ejemplo están los zapatos de Rothy’s, una startup de San Francisco, California, hechos de botellas plásticas de agua.

Hacer estos zapatos, de momento solo disponibles en la modalidad flats o ballerinas, implica adquirir botellas plásticas (usualmente de agua) en centros de reciclaje que luego son sometidas a una máquina trituradora que convierte todo ese plástico a delgadas láminas que a continuación pasan por un proceso de extrusión.

Es así como nace una fibra que a pesar de provenir del plástico es suave y flexible a la vez, dando a los Rothy’s un aspecto de tela.

Por último, hay en República Dominicana un proyecto de trajes de baño, Ozeano Swimwear, hechos a partir de botellas plásticas recicladas.

Este esfuerzo se enmarca dentro de una creciente cultura de concienciación ecológica que apuesta al reciclaje y a la búsqueda de alternativas biodegradables, renglón dentro del cual ace igualmente Green Depot, vajillas desechables hechas a base de hojas de yagua que caen naturalmente y que son recolectadas por comunidades rurales a cambio de un incentivo económico.

Es mucho lo que puede hacerse en la lucha que actualmente libramos contra el plástico. A partir de los proyectos mencionados aquí queda claro que con creatividad e ingenio podemos avanzar satisfactoriamente, dando incluso algo de provecho, pues no se trata únicamente de recoger y dejar de usar plástico.