Su majestad Derek Walcott

Marino Hilario - 18-12-2020

Que si Inglaterra o África, que si Francia u Holanda, ¿y para qué etiquetar su origen, Majestad? En realidad, todos desean afinidad sanguínea o algún tipo de parentesco de su descendencia.

Anhelan estar en diálogos del drama de su teatro, sea este comedia, o tragedia, tal vez en una pieza, o en algún melodrama, quizás una tragicomedia, bien podría ser una farsa, pero solo estar en ella, alteza, como esperando heredar un tajo de su deidad.

Que si los cuadernos 25 los ignoraron porque no era usted conocido, que si su madre y su trabajo pagaron la tirada, será que aún no comprenden que los 25 del 48 fue el inicio de un viajero afortunado, Majestad, que solo deseaba cabalgar en historias, ajustar los personajes y armar las diferentes representaciones del cual versarían sus vidas.

Que si el premio del 92 fue otorgado por el Quinto Centenario, queriendo condicionar su existencia al exterminio de razas, cuan vil pueden ser Majestad, como si ya no estuviera determinada la materia en el espacio de lo que sería su presencia en esta tierra.

No sé por qué insisten en si sus versos reflejan un momento de otra vida, si en ella usted sonríe y se contraríe, nunca han podido abrazar ese finísimo hilo y, le confieso algo Majestad, estoy seguro aun lo sigan negando, que se reflejan ellos aun tengan Fama de Domingos.

Que si Omeros es épico, como si no fuera el mismo Homero el que relatara lo que en una epopeya solitaria le dictaron los dioses, para lo que habría de suceder al momento de su llegada.

Que si usted sabía lo que plasmaba o si plasmaba lo que sentía Majestad, que desmedrado e insolentes como si sus sentimientos no fueran la armadura de su existencia.

Que si el idioma anglosajón nos aparta de sus dominios literarios y olvidan, Majestad, que Shakespeare sentenció que su gramática es la más grandiosa y primorosa en cualquier lengua aún desconocida, como si al final ellas no fueran la del vigor que sostienen nuestros continentes.

Que si su vibración, Majestad, en La voz del crepúsculo pertenece a una región determinada, porque contraponerte con tus iguales en otros idiomas. Si tu grito perdurable de comprensión, entre todos, fue imperceptible por las asechanzas de los de siempre, que nos cargan para ellos siempre tener preponderancia.

Su Majestad, ahora que está en la morada de los dioses, siga creando colores, trazando nuevas letras, realice solo un acto con ellas, para así llegar donde siempre anhelamos, a lo grandioso de la poesía.

Muchas gracias, su majestad Derek, el mulato y antillano, el caribeño Walcott santalucense.

“Las nuestras no son ciudades en un sentido convencional, pero ¿quién quiere que lo sean? Establecen sus propias proporciones, sus propias definiciones en sitios determinados y con una prosa que se iguala a la de sus detractores”.