Recuento y resurrección
Hoy es lunes del Ángel. El mundo cristiano celebra la resurrección de Jesús después del sacrificio. Propicia la conmemoración para motivar la reflexión e intentar la renovación personal.
Concluido el asueto santo vale el recuento profano. La festividad religiosa permitió la pausa y la omisión de quejas y problemas.
Entre el entusiasmo que provoca salir de las ciudades y refugiarse en el jolgorio de playas, montañas, ríos, el relato adverso de la cotidianidad pierde fuelle.
El desparpajo se aposentó en cada rincón del territorio y las bromas con las prohibiciones fueron tan frecuentes como el incumplimiento.
La señora insubordinada, convertida en marca por el Ministerio de Interior y Policía ayudó poco, pero estrategia manda y galimatías también, ese que sí y que no al final quedó en lo mismo, con gracejo popular.
Hubo irrefrenable consumo de alcohol y los puntos de drogas tuvieron ventas masivas. El viernes santo uno de los duendes de la ciudad colonial, testigo de los episodios que conforman la realidad intramuros escuchó a un viandante anunciar en El Conde: “hoy todo está cerrado menos los puntos de drogas”. La libertad se extiende porque de reglas estamos ahítos y de cumplimiento hueros.
Los puntos son parte de la vida urbana, espacio controlado por los capos para infundir temor, demostrar su dominio y proveer beneficios a miles de ciudadanos que participan en el negocio. Por eso en época de reivindicación de la transparencia la petición de la gobernadora de San Juan de La Maguana es de sinceridad encomiable.
“Yo no les pido a ellos que me acaben con todos los puntos de drogas, pero que por lo menos que los mantengan ahí, en nivel bajo” es la solicitud que hace a la DNCD la representante del presidente en la provincia.
La mención del peligro en carreteras y caminos es perogrullada inservible. Transitar por las vías públicas, con o sin feriados, es un riesgo opcional.
El trabajo de los ciudadanos voluntarios, miembros del operativo “Conciencia por la vida” procurando prevenir es loable, aunque ratifica el irrespeto colectivo a la norma. Es el interés particular que decide la prisa, el rebase y también la muerte.
El trajín gozoso anuló a los políticos, retirada conveniente. Prefirieron compartir mensajes píos e imágenes bucólicas.
Quedó el eco del siempre ocurrente director del COE que no teme a sus payasadas. Ya no destaca su boca rosa, sino que se declara “macho de mujer” y los aplausos se multiplican.
Fue acallado el sainete que expone la credibilidad del órgano persecutor. La gravedad es innegable, a pesar de las excusas y la vocería que aspira atenuar el significado de la acusación a un procurador, adscrito a la PEPCA a quien le imputan cometer soborno y violar artículos de la ley 155-17 sobre Lavado de Activos y Financiamiento de Terrorismo.
Engorroso percance para los portadores de un discurso agresivo e incontrolable, de pureza inmarcesible al estilo Robespierre. Las preguntas son tantas que solo el debido proceso permitiría respuestas, sin olvidar que la Indivisibilidad rige al Ministerio Público. Hoy comienza la rutina, ojalá la resurrección influya para reavivar los principios crucificados.
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