Un error de redondeo
Menos de 60,000 personas —el 0,001 por ciento más rico— controlan ahora tres veces más riqueza que la mitad de la humanidad junta.
Ese es el balance de nuestro mundo: un planeta con más de ocho mil millones de personas gobernado, en la práctica, por un error de redondeo.
En el Informe sobre la desigualdad mundial 2026, cuyo prólogo ha sido escrito por Jayati Ghosh, miembro del Consejo de la Inteernacional Progresista, investigadores muestran que el 10 por ciento más rico del mundo obtiene ahora más ingresos que el 90 por ciento restante, mientras que la mitad más pobre recibe menos del 10 por ciento de los ingresos mundiales.
La riqueza está aún más concentrada: el 10 por ciento más rico posee tres cuartas partes de todo, mientras que la mitad más pobre solo tiene el 2 por ciento.
Algunos niños nacen en un mundo de bibliotecas, banda ancha, clínicas y agua potable; otros nacen en un mundo de deuda, saqueo y emergencia permanente.
El gasto medio en educación por niño en el África subsahariana es de unos 200 euros (PPA), frente a los 7,400 euros de Europa y los 9,000 euros de los Estados Unidos y Oceanía, una diferencia de cuarenta veces que reproduce las jerarquías forjadas por el colonialismo y el genocidio y mantenidas hoy en día por el imperialismo.
El apartheid es global: un sistema organizado en torno a quién posee, quién presta, quién toma y quién decide quién vive.
Ninguna solución tecnocrática reequilibrará una economía estructurada de esta manera. Solo cambiará a través de la lucha.
Y cuando la gente hace la demanda de pan, tierra, dignidad, soberanía, el aparato de seguridad de la riqueza extrema responde rápidamente: golpes, prisiones, sanciones, muros fronterizos y guerra.
La escasez para la mayoría requiere violencia. Las cadenas de suministro están vigiladas, los migrantes son criminalizados, los trabajadores y trabajadoras son sometidos a disciplina; regiones enteras se convierten en zonas de sacrificio. El apartheid global viaja con escolta armada.
Nuestro mundo —con riqueza extrema, violencia extrema y calor extremo— se endurece día a día.
Sin embargo, la historia no termina ahí. En todo el mundo, la gente sigue demostrando que la privación es política y reversible.
Kerala, un estado indio con niveles de ingresos modestos, ha eliminado la pobreza extrema mediante una inversión pública sostenida en salud y educación, garantías específicas y una planificación democrática local.
China ha sacado de la pobreza a 800 millones de personas en dos generaciones, la mayor reducción de la pobreza en la historia de la humanidad. Los resultados están escritos tanto en los cuerpos como en los balances: niños y niñas más altos, más sanos y con una vida más larga.
Estas victorias muestran lo que puede hacer el poder público organizado. Los poderosos insisten en que este orden es permanente. Las pruebas dicen lo contrario. La desigualdad es producto de la política y el poder; puede reducirse mediante la política y el poder. Esa es la tarea que tenemos ante nosotros.
El año 2026 ha comenzado a un ritmo desorientador. La historia avanza a buen ritmo. Las crisis están convergiendo.
La Internacional Progresista existe para ayudar a reunir las fuerzas capaces de afrontar este momento: vinculando las luchas por los salarios con las luchas contra la deuda; la tierra con la justicia climática; los servicios públicos con la propiedad pública; la liberación nacional con una estrategia internacionalista.
El apartheid global no se suavizará por sí solo. O se desmantela, o se profundiza, se militariza y destruye.
No hay atajos para inclinar el arco de la historia, que avanza rápidamente, hacia la justicia. Debemos organizarnos más allá de las fronteras.
Construimos instituciones que sobreviven a la represión. Nos defendemos unos a otros. Forjamos el contrapoder necesario para derrotar a la Internacional Reaccionaria y construir un nuevo orden.
El mundo que necesitamos no nos será concedido. Tendremos que conquistarlo.
En solidaridad,
El Secretariado de la Internacional Progresista