¡Duerman con ropa!: Cuando el clamor de justicia se burla del inocente
“¡Por favor policía, déjeme ponerme ropa que no puedo salir así!”. Con esta frase, el exministro de Salud Pública, doctor Hidalgo, inmortalizó un momento triste para la persecución de la corrupción en la República Dominicana; triste, toda vez que fue una violación a la dignidad de un ciudadano del cual debió presumirse su inocencia, y en cambio, fue humillado como si sobre él pesara una condena de degradación cívica e inquisitoria.
Lo que prosiguió a esa frase del doctor fue la burla de miles de ciudadanos, que ante un clamor genuino de justicia, abrasaron la presunción de culpabilidad.
Esto no fue casual, decenas de comunicadores, de esos cuya pluma y oratoria se presta al mejor postor, ceñidos a su odio contra todo lo que huela a PLD, popularizaron la frase “Duerman con ropa”, revictimizando al doctor Hidalgo, y condenando sin juicio a todos los encartados.
Los culpables por corrupción merecen todo el odio de la sociedad que les dio la oportunidad de servirles, sin que exista la más mínima misericordia en las expresiones de desprecio.
Ese no es el caso deldoctor Hidalgo, o al menos, los tribunales han dicho que no llevan razón quienes lo señalaron de culpable.
El único «error» del compañero, que se ha ganado el desprecio de los «criminales del teclado» y los chistes sobre su apresamiento en ropa interior, es haber sido peledeísta.
Richard Dawkins, en su obra «Carta a mi hija Juliet», resalta la importancia de la evidencia para validar la información. «La evidencia es, literalmente, ver (u oír, palpar u oler) que una cosa es cierta», afirma el pensador.
No me sorprende, pero sí me preocupa, que el fervor actual, impulsado por un deseo genuino de justicia, condene moral o históricamente, sin la menor prueba, a personas que llevaron una vida honrada. Son condenados por el simple hecho de pertenecer a un partido.
El fascismo puede tener rostro de democracia inquisidora y su mayor arma es la falsa legitimación a expensas de la verdad.
No sé si el doctor Hidalgo fue el funcionario más probo, aunque los tribunales establecieron por sentencia que no es culpable de los hechos que se le imputaron; lo único que puedo asegurar es que la justicia no es más justa al servirse de la ofensa a la dignidad ajena.
Soy un apasionado de la justicia y me parece tan injusto robar y enriquecerse con fondos públicos, como condenar a todo peledeísta al desprecio, por su ideología. Esto es un claro síntoma de fascismo.
Lo justo es darle a cada uno lo que le corresponde. Recibir más de lo que mereces no es justo… Y celebrar la afrenta a la dignidad de un ciudadano honrado no es propio de quienes aman la justicia.
Ante todo lo anterior, resta preguntarse: ¿El Ministerio Público tendrá conciencia del daño al sistema de justicia y los derechos fundamentales que provocaron por sus farandulescas actuaciones?
¿La conciencia de quienes se burlaron a costa de la dignidad de Hidalgo, aun con ropa, pueden dormir tranquilos?