Diez años sin mayorías absolutas: una década de cambios políticos en España

20-11-2021
Política
Público, España
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«Tenemos una mayoría muy importante en el Congreso y en el Senado», celebró Mariano Rajoy en el balcón de Génova tras ganar las elecciones generales del 20 de noviembre de 2011. Hace diez años, el PP consiguió la última mayoría absoluta. El expresidente del Gobierno compartió la euforia con Soraya Saénz de Santamaría, María Dolores de CospedalAna Mato Alberto Ruiz-Gallardón. Ninguno de ellos está ya en la primera línea política.

Ese mismo año, el 15M supuso un antes y un después para la sociedad española. A pesar de la victoria de los populares, el malestar provocado por la crisis económica determinó la legislatura de Rajoy, definida por los recortes, las cifras récord de desempleo, la corrupción y dos huelgas generales. Aquel periodo convulso de la historia de España motivó un acelerado proceso de transformación del sistema de partidos.

Analistas políticos recogen en Público las claves que explican los cambios de esta última década marcada por el fin del bipartidismo, el auge de los partidos de derecha radical y populista, la llegada de nuevas formas de comunicación política y las dificultades para llegar a acuerdos de gobierno.

Fin de las mayorías absolutas y del bipartidismo

El PP y el PSOE ya no son los principales agentes políticos que captan el apoyo de la mayor parte de los electores. El bipartidismo imperfecto en España se ha roto con la llegada de los nuevos partidos políticos, socavando las posibilidades de conformar mayorías absolutas. Lluís Orriols, politólogo y profesor de ciencia política de la Universidad Carlos III, asegura que «el hecho de que existan terceros y cuartos partidos que son relativamente relevantes dificulta que se vuelva a un escenario de mayorías absolutas». En la misma dirección, Paula Requeijo, profesora de comunicación política de la Universidad Complutense de Madrid, defiende que «es complicado que se conformen mayorías absolutas a nivel nacional» aunque matiza que «a nivel autonómico sí se seguirán produciendo».

No obstante, socialistas y populares han intentado esquivar los efectos adversos causados por sus potenciales competidores para seguir siendo los principales partidos dentro de sus respectivos bloques. «Las alternativas al bipartidismo están en horas bajas, pero es poco probable que volvamos al escenario anterior: PP y PSOE no pueden relajarse y dejar de mirar a su derecha y a su izquierda porque los partidos minoritarios van a seguir restándoles votos», aconseja Verónica Crespo, consultora en comunicación estratégica y directora de La Revista de ACOP (Asociación de Comunicación Política).

Nuevos votantes y formas de comportamiento electoral

En diez años, el comportamiento de los electores ha cambiado enormemente no solo por la existencia de una mayor oferta partidista, también por una cuestión generacional. «En 2021 pueden votar personas que en 2011 tenían 8 años, lo mismo si ponemos el foco en los segmentos de población más mayores. Por un lado, votan personas muy diferentes y, por otro, las transformaciones sociales y políticas de la década han sido claves», señala Crespo.

A ello hay que sumar el aumento de la volatilidad. Orriols destaca que actualmente los cambios de opción política «son mayores que los que veíamos antes». De hecho, «los actuales patrones de comportamiento incentivan la aparición y desaparición de nuevos partidos«, algo que además está vehiculado a «la capacidad de emprendedores políticos de irrumpir en los parlamentos». El politólogo también recalca el «aumento de la polarización» y recuerda que antes era más sencillo «saltar entre arenas; es decir, moverse entre PP y PSOE».

En este clima de polarización, Requeijo defiende «que ya no tenemos partidos políticos; en su lugar, tenemos casi religiones con fieles, donde, exceptuando el ciclo 2014-2016, no se vota bajo la ilusión o la esperanza, sino atendiendo a emociones como la ira o el miedo».

La capacidad de cambio de los nuevos partidos

El cambio en el comportamiento electoral de los votantes conllevó la llegada de formaciones políticas como Podemos y Ciudadanos. Cabe preguntarse por la capacidad de transformación que han tenido estos grupos desde que nacieron. En este sentido, los tres analistas coinciden en que el margen de propiciar cambios, especialmente institucionales, ha sido «modesto» y «limitado».

Crespo cree que se puede aplicar el dicho «mucho ruido y pocas nueces, ya que cuando han llegado a las instituciones su capacidad de acción ha sido mucho más reducida de lo que anunciaban». Orriols apunta que «uno de los ejes de la nueva política era el rechazo a la colonización partidista de las instituciones del PP y PSOE, algo que no ha cambiado en los últimos tiempos», como se ha visto con la reciente renovación del Tribunal Constitucional. Requeijo agrega que el cambio más significativo de los nuevos partidos, sin embargo, se ha producido por el lado de la comunicación política.

Nuevas formas de comunicar

En septiembre de 2015, la imagen de Pablo Iglesias corriendo junto a Ana Rosa Quintana representó, como define Requeijo, «una auténtica carrera de humanización» por parte de los nuevos líderes políticos. La profesora de comunicación política remarca que Pablo Iglesias y Albert Rivera —y también Pedro Sánchez— «profundizaron en el fenómeno de la americanización porque introdujeron una mayor personalización de la política, donde la televisión y las redes sociales desempeñan un papel fundamental: la videopolítica y la tecnopolítica son centrales».

Por su parte, «Vox también ha introducido cambios muy importantes en las formas de comunicación política generando una mayor polarización». Esto ha afectado al PP y Ciudadanos, «que han acabado adoptando maneras más agresivas, con el uso de términos que en lugar de intentar reflejar la realidad se distancian de ella». Orriols y Crespo añaden que en todo este proceso, más allá del surgimiento de los nuevos partidos, ha sido fundamental la aparición de «nuevos recursos y herramientas de comunicación» empleadas sobre todo por la gente más joven.

De comunicar a gobernar

Aunque la comunicación política es esencial para entender los movimientos de las formaciones, la conformación de mayorías para sostener a uno u otro gobierno explica la actuación de los diferentes actores políticos. La fragmentación del sistema de partidos dibuja un escenario que, como se ha visto en estos últimos años, ha dificultado la capacidad de establecer mayorías, complicando la gobernabilidad. Aun así, el profesor de la Universidad Carlos III subraya que «la consolidación de una política basada en bloques facilita la creación de mayorías, haciendo que los pactos sean previsibles: por un lado, PSOE y Unidas Podemos; por otro, PP y Vox».

En cambio, estima Orriols, «se ha degradado de forma notoria la capacidad de llegar a pactos de Estado; es decir, a reformas a largo plazo que trasciendan el gobierno de turno”. La directora de La Revista de ACOP afirma que, si bien el actual Gobierno, con sus más y sus menos, ha conseguido sacar adelante la ley de presupuestos y otras políticas clave, que garantizan su estabilidad parlamentaria, esta etapa puede desaparecer por las propias tensiones que se viven en el seno de los bloques».

Estas tensiones pueden aumentar de cara al próximo ciclo electoral, en el que será relevante seguir la evolución de la futura candidatura de la España Vaciada, las expectativas de Vox o los posibles movimientos de la vicepresidenta Yolanda Díaz para intentar agrupar a los partidos a la izquierda del PSOE en una misma candidatura.