La revolución del rock argentino que surgió tras la Guerra de las Malvinas

02-07-2022
Música
El Mundo, España
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El fenómeno ya existía, aunque era semi subterráneo y patrimonio de pocos. De repente -sí, porque fue de repente, nadie imaginaba que sucedería- llegó una guerra, y la extraña alianza contra natura entre una dictadura militar y la escena musical emergente de un país en ebullición llevó a un éxito explosivo: el rock argentino.

Fue en 1982, hace 40 años, las cuatro décadas que pasaron ya desde la Guerra de las Malvinas. Esa «alianza» no fue buscada ni explícita, porque la inmensísima mayoría de los músicos estaba en contra de los «milicos», como se conoce a los militares en Argentina. Pero se dio en los hechos, porque el fervor nacionalista que invadió al país con la toma de las islas el 2 de abril afectó a todos los órdenes de la vida. También a la música.

«Existe un gran equívoco que es que la Guerra de Malvinas fue la gran causante de una serie de fenómenos de la cultura popular», matiza a EL MUNDO Mariano del Mazo, periodista, escritor y gran conocedor de la historia del rock argentino.

«Lo que hizo la Guerra de Malvinas fue precipitar una serie de cosas que estaban fraguando previo a la guerra. La renovación del rock argentino ya se estaba dando en 1980, 1981, con la new wave y el punk, que hasta entonces no eran muy conocidos».

Pero no dejaba de ser un fenómeno acotado que, para amplias franjas de la población estaba incluso asociado a la sospecha. ¿Sospecha de qué? Ninguna definida, pero el aura de sospecha en un país abonado al temor era suficiente para alejarse de aquellos músicos. La decisión de prohibir la escucha de música en inglés en las radios le dieron un impulso a las bandas argentinas que no se hubiera producido con tanta contundencia y velocidad de no mediar la tragedia de las Malvinas.

Las sospechas se diluyeron y las clases medias se volcaron masivamente con el fenómeno. La guerra de las Malvinas se cerró el 14 de junio, tras 74 días, con una clara derrota argentina, 649 muertos del país sudamericano y 255 británicos.

LOS SONIDOS DE LA GUERRA

Abel Gilbert y Esteban Buch son dos periodistas argentinos que reunieron en un libro (Escuchar Malvinas, Gourmet Música, 2022) los sonidos de la guerra. Sonidos temibles, desgarradores, alegres, contradictorios. El periodista Matías Roveta, en un artículo para la web La Agenda, resumió lo que Gilbert y Buch escucharon y volcaron en su libro.

Los autores «se refieren al comunicado de la dictadura con el que se anotició a la sociedad sobre el desembarco en Puerto Argentino, en la madrugada del 2 de abril de 1982. Enseguida, otras huellas sonoras entran en escena: la Marcha de Malvinas, que invade cual «mantra estatal» el espacio público, y la voz siniestra del dictador (Leopoldo Fortunato) Galtieri por cadena nacional anunciando el nefasto «si quieren venir que vengan'».

Aquellos eran los sonidos de los días previos y del fervor nacionalista en el continente. En las frías islas, cruzadas por los fuertes vientos del desolado sur del Océano Atlántico, los sonidos eran otros: «Al no tener largavistas o visión nocturna, los soldados argentinos debían usar el oído para identificar tipos de disparos o proximidad de las explosiones para sobrevivir».

En Buenos Aires se vivía otra guerra. Los combates llevaban ya dos semanas, y en las instalaciones del club Obras Sanitarias se preparaba el Festival de la Solidaridad Americana (luego rebautizado como «Solidaridad latinoamericana»). Más de 70.000 personas vieron y escucharon a Charly García, Lusi Alberto Spinetta, Leon Gieco, Juan Carlos Baglietto, Raúl Porchetto… La recaudación iba destinada a un Fondo Patriótico del que luego se descubrirían malos manejos y dineros desviados.

Charly García cantóNo bombardeen Buenos Aires. En Escuchar Malvinas se pone el foco en ese momento: «En plena guerra y a contramano de la efervescencia nacionalista, Charly compuso un tema de tono crítico que incluía como gesto desafiante la referencia a escuchar a The Clash».

Era un festival inevitablemente abonado a la contradicción, señala el artículo de Roveta.

MENSAJE PACIFISTA

«Más allá de que en todo momento esos músicos tuvieron la voluntad de transmitir un mensaje pacifista arriba del escenario, el significado de ese evento sigue siendo polémico. ‘El llamado a la paz, que estaba en la raíz del imaginario contracultural rockero (…), convivió aquella vez, no sin contradicciones, con la reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas y la empatía con los jóvenes soldados que estaban en el frente»», explica.

Del Mazo insiste en que aquel rock que saltó al primer plano durante la guerra estaba listo hacía tiempo para dar ese paso de masividad, el que 40 años después permite que Soda Stereo suene en un bar del barrio madrileño de Lavapiés. El ambiente lo permitía: había manifestaciones, los partidos políticos salían de un deshielo de varios años y una revista como Humor criticaba con acidez inédita a la dictadura.

«El rock argentino tuvo un origen de mucha calidad en los 70 y se desarrolló en situaciones autoritarias, como la del 74, aunque formalmente fuera una democracia, y en la dictadura, Malvinas abrió las compuertas del pasado. El rock argentino tuvo mucha influencia en América Latina porque venía de muchos años de rock hecho con cánones argentinos.

El rock argentino no es rock hecho en Argentina, sino rock argentino. La crítica de los tangueros -«música foránea cantada en castellano»- era un error, cuando en México eran famosos los Teen Tops, acá, en Argentina, pasaban cosas mucho más interesantes».

«Soda Stereo no era un grupo chispeante, burbujeante, que imitaba a Police o The Cure, era una banda que había escuchado mucho rock argentino, además de bandas internacionales».

En aquellos meses había confusión. Era el año previo al regreso de la democracia tras siete años de dictadura, un regreso que se encarnaría en Raúl Alfonsín, el Adolfo Suárez argentino (salvando matices muy importantes).

Los militares, que creían que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) les daría el apoyo de los Estados Unidos, se encontraron con que la alianza entre Ronald Reagan en Washington y Margaret Thatcher en Londres era evidente, aunque se guardaran ciertas formas. Socios en la OTAN y socios históricos, ¿qué esperaban?

Así, se vio a aquellos militares que llegaron al poder con el combate al terrorismo de ultraziquierda como principal divisa, trabando relaciones con la Cuba de Fidel Castro o la Libia de Muammar El Gadafi. La solidaridad latinoamericana y del Tercer Mundo fue sólida, palpable, y la declinante dictadura argentina no tuvo más alternativa que abrazarse a ella. Eso influyó también dentro de las fronteras del país.

«Con la prohibición de pasar música en inglés se comenzó a conocer un montón de música que no se conocía en Argentina, como Tiburón, de Rubén Blades, que era bastante funcional a lo que la dictadura quería mostrar», recuerda Del Mazo.

ARTISTAS EXILIADOS

«Y el final de la Guerra de Malvinas y la apertura que derivó en la democracia marcó el reencuentro de la gente con los viejos artistas prohibidos, exiliados. Los regresos del uruguayo Alfredo Zitarrosa o del español Joan Manuel Serrat eran ceremonias, más que musicales, catárticas».

«Fue la amalgama de viejas glorias con un montón de chicos y chicas nuevos. El rock comenzó a ser tomado como un producto y ese producto se comenzó a exportar. En un mal momento económico de la Argentina, ya en democracia durante el gobierno de Alfonsín, recuerdo el titular de una revista: El rock, ¿puede pagar la deuda externa?. Porque ingresaban dólares al país a través del rock. En ese circuito se fortalecieron bandas en Chile, Perú, Ecuador, hasta llegar a México y Los Ángeles».

«Hay que destacar a Soda Stereo, un poco después Los Cadillacs, y GIT, y Zas. Los Violadores un poco menos… Fueron las bandas que pegaron muy fuerte en el mercado latino, un mercado que luego se perdió y fue ocupado por el rock mexicano. Charly García siguió haciendo una música excelente, pero nunca le interesó la exportación, quedó como una figura de culto. Y recuerdo a Los Pericos, que fueron los primeros en grabar un disco en inglés siendo argentinos. Fueron muy criticados por ese detalle. Una banda como Sumo, menos, porque su cantante, Luca Prodan no era argentino».

Del Mazo tiene cierta añoranza de aquel momento catártico. «El planteo que tiene que hacer un artista para crear en dictadura es muy distinto al que tiene que hacer para crear en democracia. Los creadores debían exprimir un poco más el recurso de la alegoría, de la metáfora, y eso a veces redunda en grandes obras de arte. El despliegue de un enemigo claro a veces facilita algunas cosas…».

«Nunca más volvió a ser tan fuerte la comunión entre los músicos y la gente desde el punto de vista político. Mercedes Sosa, Charly, Serrat cantando Para la libertad… Había una reverberación que no va a volver a ocurrir, porque estos tiempos han perdido esa claridad política. Hoy todo es mucho más cínico y mucho más confuso».