«El modelo neoliberal y la democracia son incompatibles»: Daniel Jadue

23-11-2020
Mundo
Sputnik

Daniel Jadue, el exitoso alcalde chileno de Recoleta, analizó los cambios en Chile y los desafíos de los partidos de izquierda. «Hoy se presenta una nueva oportunidad para que corrijamos errores», aseguró.

A continuación, compartimos para nuestros lectores y lectoras una extensa entrevista que Jadue ofreció a Sputnik, en la que habló de la concentración de medios en Chile y de las trampas que podría enfrentar la ansiada nueva Constitución.

—En octubre 2019 el pueblo chileno pareció despertar y desde entonces ocupan las calles para reclamar cambios. ¿Qué pasó para que se produjera ese cambio? 

—No creo que haya sido un estallido social o que haya partido de manera espontánea. Se trata de un proceso, tremendamente largo, de acumulación de fuerzas que nació el mismo año en que terminó formalmente la dictadura. En ese momento, la mayoría del sistema político chileno apostó a salir de la dictadura con la Constitución, con el modelo y la cultura organizacional de la dictadura, esparcida por todas las instituciones del Estado y de las FFAA, fuerzas del orden y de seguridad. Si bien al principio tuvo el apoyo mayoritario de una parte de la sociedad y del sistema político, fue perdiendo respaldo en la medida en que las promesas que hacían se fueron al tacho de la basura. Cuando uno mira los 30 años ve las mismas demandas, las mismas organizaciones sociales, los mismos partidos políticos que estuvieron siempre: los secundarios, los universitarios, los trabajadores fiscales, la gente de la salud. Lo que sucedía era que había protestas por intereses particulares por separado y ahora, todos juntos ponen en tela de juicio al modelo en términos generales. No lo veo como un estallido social, sino como un proceso que termina en la revolución de octubre. Esta es una batalla que aún no ha terminado.

—Chile fue un modelo de neoliberalismo impuesto a sangre y fuego. ¿Hubo un tiempo en el que los chilenos creyeron en ese modelo?  

—El modelo neoliberal te promete que si tú haces todo lo que el sistema te dice —estudiar una carrera técnica, ponerte a trabajar y aceptar un salario miserable— y dejas que el modelo funcione, llegarás a tener una buena vida. Las generaciones que aceptaron inicialmente esas promesas se portaron muy bien en Chile, pero 30 años después, se dieron cuenta de que era todo mentira.

Las AFP, por ejemplo, las aseguradoras de fondos de pensión (que deberían llamarse asociación de fábricas de pobres): te prometían que si trabajabas toda la vida, si no tenías lagunas laborales y cotizabas permanentemente durante 40 años, ibas a llegar a tener el 100% de tu salario final en la pensión. La realidad es que una persona que trabaja 40 años de manera ininterrumpida hoy no alcanza a obtener el 30% de pensión. Esos fondos de la AFP sirvieron para financiar a todo el sistema económico neoliberal en Chile. Para lo único que no sirvieron es para asegurar pensiones dignas a los chilenos. Y 30 años después, los chilenos ven que tienen los medicamentos más caros del mundo, la comida más cara del mundo, los libros más caros del mundo, sin que nadie diga nada. Hoy hay gente que viaje de Chile hasta Mendoza (Argentina) para comprar medicamentos y aún con los gastos del viaje le termina saliendo más barato.

—Además de aprobarse un cambio constitucional en el plebiscito se decidió que fuera a través de una asamblea constituyente.  

—En realidad, una asamblea constituyente tiene plenos poderes. Y lo que sucedió en Chile es que, después de un mes de protestas de toda la ciudadanía, el sistema político intenta seguir teniendo el control del proceso. Es decir, se aprobó un cambio constitucional a través de un plebiscito de entrada, convención constitucional y plebiscito de salida, pero en donde el soberano es el Congreso. En esta asamblea o convención constitucional hay cosas que no se pueden discutir. Por ejemplo, la convención constitucional no puede discutir ninguno de los tratados de libre comercio. Por eso digo que no es una asamblea constituyente porque no es soberana ni tiene plenos poderes. Es un poder delegado de quien se considera el soberano. Es una mayoría del sistema político que le impone esta salida institucional al pueblo chileno, que lo que quería, en realidad, era una asamblea constituyente. Este proceso es lo mejor que pudimos conseguir en estos 30 años para tirar al basurero de la historia la Constitución de Pinochet. No es, y esto por voluntad de una mayoría del sistema político, lo que la ciudadanía estaba demandando.

—Aún sí ¿se van a discutir las bases del modelo económico neoliberal que ha generado esta concentración tan grande de la riqueza que tiene Chile?  

—Eso sin dudas. Pero voy a hacer una diferencia conceptual: más que una asamblea constituyente, será una asamblea destituyente, porque le han puesto el quórum de los 2/3 para la aprobación de lo que vaya a quedar en el texto final y que luego será sometido a la ciudadanía en un plebiscito. Es un quórum altísimo. Y es así porque la derecha tiene un 33% de votos (1/3), lo que significa que la derecha tiene el poder de veto de aquellas cosas nuevas que se quieran incorporar.

Podemos tener la certeza de que la derecha no va a poder volver a instalar una Constitución como la de Pinochet, pero no tenemos la certeza de que la ciudadanía va a poder instalar la que ella quiera. No sabemos si tendremos la fuerza para construir la Constitución que queremos. Corremos serio riesgo de salir con una Constitución muy minimalista. No le estoy quitando importancia: de ahora en adelante habrá un país más democrático donde las mayorías y las minorías se expresen de manera adecuada. Creo que saldremos hacia ello de esa manera.

—En Chile hay un alto nivel de concentración en los medios de comunicación que nunca se ha tocado. ¿Planteas para Chile una ley de medios como la hubo en Argentina? 

—Es imprescindible. Todos vimos con mucho estupor lo que ocurrió en Perú. Resulta que ahora los medios chilenos están cubriendo la violación a los derechos humanos y escriben sorprendidos: «Brutales violaciones a los derechos humanos en Perú con dos muertos». Acá llevábamos meses y varias decenas de muertos y todavía no vi publicado ningún titular como sobre la violación de los derechos humanos en Chile. Los medios de comunicación chilenos no son medios de comunicación: son medios de inducción social; están absolutamente politizados. La mayoría son de extrema derecha. Los más «democráticos» están en la centroderecha. Y todos son profundamente partidarios del neoliberalismo.

La cobertura del proceso chileno fue muy débil. Se supo que el presidente de la República llamó a una reunión en La Moneda a todos los editores de los medios para bajarles la línea de cómo deben comunicar…Yo no sé si esto es posible en otro país. Canal 13 y canal 7 fueron encubridores de los crímenes de la dictadura, como El Mercurio y La Tercera. ¿Es sustentable, es entendible, es democrático que las víctimas de violaciones a los derechos humanos, que las asociaciones de familiares de detenidos-desaparecidos y ejecutados políticos nunca hayan tenido un medio? Los partidos de izquierda, como el Partido Comunista de Chile, por ley no puede tener medios de comunicación, lo cual a mí me parece absurdo. Todos los medios se rigen por el mercado. Sucede entonces que obliga al Partido Comunista a comunicarse con sus electores a través de los diarios de la extrema derecha. ¡Es notable!

Fuente: