Ellas se llamaban…

Margarita Cordero | Mujeres - 07-04-2021

En lugar de disminuir, los feminicidios aumentaron un 76.92% en el primer trimestre del año comparado con igual período del 2020. Veintitrés mujeres muertas a manos de sus parejas o exparejas entre enero y marzo pasados; trece anteriores como referente. Hay algo sombrío en contar de esta manera a las mujeres muertas, varias de ellas niñas; en convertirlas en estadística. Casi con toda seguridad, si pudieran hacerlo, ellas levantarían sus puños en protesta contra este definitivo despojo de su humanidad.

Pero las estadísticas son necesarias para trazar políticas públicas mínimamente eficientes. El pasado 12 de marzo, el Ministerio de la Mujer y la Oficina Nacional de Estadística (ONE) dieron a conocer los nuevos sistemas de información digital sobre violencia de género. El objetivo es “poner a disposición de la sociedad y de los entes responsables del diseño, seguimiento y evaluación de políticas públicas informaciones de carácter oficial sobre la violencia contra las mujeres a nivel nacional, a fin de que se constituya en un insumo trascendental para la toma de decisiones basadas en la evidencia”.

En enero, el Ministerio de la Mujer presentó, junto con el presidente Luis Abinader, el Plan estratégico para una vida libre de violencia para las mujeres y las niñas, una propuesta integral que aborda críticamente las prácticas culturales que disparan la violencia de género, así como las falencias de un sistema de protección que hasta hoy no ha cumplido su papel de preservar la vida de las mujeres en situación de riesgo.

Pero está sobradamente estudiado que los avances en la disminución de la violencia de género, que tiene al feminicidio como expresión extrema, requieren de la transversalidad de las políticas de género. Son muchos los actores implicados. Sin una coordinación efectiva del Gobierno y el Estado, los esfuerzos del Ministerio de la Mujer serán una gota de agua en el desierto.

Que en lugar de disminuir los feminicidios crezcan de un año a otro, es un claro síntoma de que esta transversalidad sigue siendo meramente un buen propósito que no se ejecuta. Marzo, el mes donde las instituciones estatales y gubernamentales llenan los medios y las redes sociales de mensajes, fue el mes de mayor número de feminicidios en el trimestre. Es como si la violencia contra las mujeres estuviera burlándose de la vaciedad del discurso público.

ENERO


Ella se llamaba María Cristina Encarnación Montero
Tenía 27 años. Deja una niña huérfana. La mató su pareja a puñaladas, tras inmovilizarla apretándole el cuello. Se habían separado y ella se negaba a la reconciliación, confesó el feminicida. Apercibida de lo ocurrido, una multitud impidió que el feminicida escapara. María Cristina fue la primera víctima de feminicidio del año. Ocurrió en Sosúa, Puerto Plata, el 1 de enero.


Ella se llamaba Yuleisi del Carmen Beato Pérez
Tenía 26 años. Deja dos hijos en la orfandad procreados con el feminicida. Trabajaba como agente del Cuerpo Especializado de Seguridad Aeroportuaria y de la Aviación Civil (CESAC). La mató de un golpe en la cabeza su pareja, quien se suicidó. Según dijeron familiares de la víctima, la violencia del feminicida provocaba entre ellos frecuentes peleas. Ocurrió en Santo Domingo Oeste, el 2 de enero.


Ella se llamaba Urbina Medina González (Goya)
Tenía 65 años. La mató de cinco puñaladas su pareja. De acuerdo con vecinos de la víctima, el feminicida sufría algún tipo de problema de la conducta, por lo que recibía medicación, pero esto no fue comprobado. Ocurrió en Madre Vieja Norte, San Cristóbal, el 7 de enero.


Ella se llamaba Naomi Rodríguez
Tenía 16 años. Era estudiante. Su cadáver desnudo y con signos de violencia sexual fue encontrado en un matorral a pocos metros de donde residía. La policía detuvo a un hombre con el que ella presuntamente tenía una relación amorosa. Ocurrió en el sector Los Cocos en Brisas del Norte, Boca Chica, el 7 de enero.


Ella se llamaba Gueroline Pierre Louis
Tenía 32 años. Su pareja la ahogó en un canal de riego, donde abandonó el cadáver. Vecinos comentaron a la prensa que la noche antes, la víctima había dicho que abandonaría la casa donde residía junto al feminicida porque este la había amenazado de muerte. Ocurrió en el sector La Trinchera, Jarabacoa, el 15 de enero.


Ella se llamaba Lucía de la Rosa
Tenía 29 años. La mató a puñaladas en el cuello y la cara su expareja. Su cadáver putrefacto apareció el 17 de marzo en unos matorrales. Al admitir el crimen, el feminicida dijo que ella había roto la relación y tenía una nueva pareja. La familia de la víctima había denunciado su desaparición luego de que ella saliera de su casa junto al feminicida. Ocurrió en el distrito municipal de Tabara Abajo, Azua, el 22 de enero.


Ella se llamaba Yomaira Martínez Aybar
Tenía 14 años. El hombre que la abusaba sexualmente tocó a la puerta de la vivienda, cuando la adolescente abrió, la golpeó con un palo y un arma de fuego hasta desfigurarle el rostro, y terminó aplastándole la cabeza con una piedra. Ocurrió en el barrio La Mosca, Cienfuegos, Santiago, el 24 de enero.


Ella se llama Ana Iris
Ningún medio periodístico se ocupó de averiguar su apellido y edad. Tampoco ningún otro dato que permitiera hacerse una idea sobre esta mujer muerta a tiros por su pareja “que la celaba hasta con su sombra”. El feminicida intentó suicidarse. Ocurrió El Guaraguao distrito municipal de El Cedro, Miches, el 28 de enero.


FEBRERO


Ella se llamaba Génesis Cricely Arias
Tenía 16 años. Estudiaba el último año de bachillerato. La mató con saña el hombre con el que convivió cuatro meses. Luego de golpearla, la ató y la apuñaló repetidas veces, desmembró el cuerpo y lo ocultó en un tinaco, hecho lo cual salió a caminar por las calles del sector. Veintitrés años mayor, el feminicida maltrataba a la adolescente. Cuando su madre le pidió terminar con la relación, Génesis Cricely le respondió que junto a un joven de su edad no tenía futuro. Ocurrió en el sector Cañada de Guajimía, Santo Domingo Oeste, el 4 de febrero.


Ella se llamaba Tania Esther Santana
Tenía 30 años. Deja dos niños en la orfandad, uno de ellos procreado con su feminicida. Raso de la Policía, el feminicida alegó que disparo en el pecho que quitó la vida de Tania Esther fue accidental. Personas cercanas a la pareja dicen que la víctima era maltratada por el feminicida. Ocurrió en Los Ranchos de Jalonga, Hato Mayor, el 18 de febrero.


Ella se llamaba Dolores Almonte
Tenía 38 años. Deja huérfanos tres hijos, uno de ellos menor de edad. La mató a puñaladas su pareja en el momento en que ella salía a su trabajo. Ocurrió en Pontezuela, municipio de Tamboril, Santiago, el 24 de febrero.


Ella se llamaba Eusebia Muñoz Severino
Tenía 42 años. La mató a balazos su pareja, con la que había procreado dos niñas de 11 y dos años. El feminicida también mató a Vicenta Severino, de 68 años, tía de Eusebia. La víctima se resistía a volver con el feminicida, del que se había separado por maltrato. Tras cometer el doble feminicidio, se enfrentó a una patrulla policial que lo perseguía y resultó muerto. Ocurrió en el sector La Palmira de la comunidad Los Botados, en Yamasá, el 28 de febrero.


MARZO


Ella se llamaba Jenny María Reyes Torres
Tenía 28 años. Deja dos hijos en la orfandad, a la escuela de los cuales se dirigía cuando la interceptó su expareja. El feminicida hizo descender a Jenny de la motocicleta en la que viajaba con una amiga y le hizo dos disparos, uno en la cabeza. Ella solo alcanzó a rogarle que no la matara. Ocurrió en el paraje Panano, distrito municipal El Rubio, San José de las Matas, el 15 de marzo.


Ella se llamaba Ana Antonia Llano
Tenía 39 años. Dejó en la orfandad seis hijos, tres de ellos mayores de edad. La mató a palos en la cabeza su expareja, quien la acosaba y maltrataba de manera constante, según un hijo de la víctima. El feminicida alegó que Ana Antonia se presentó a su lugar de trabajo en forma “agresiva” y que para “evitar problemas”, tomó un palo y la golpeó, cosa que hizo “inocentemente”. Ocurrió en la comunidad de Don Pedro, Santiago, el 15 de marzo.


Ella se llamaba Mayelin Rojas
Tenía 23 años. Deja huérfanos a una niña de cinco años y un niño de tres. La estranguló después de golpearla brutalmente su pareja, con quien apenas tenía un mes de convivencia. El feminicida permanece prófugo. Ocurrió en el sector Los Barrancones, Los Guaricanos, Santo Domingo Norte, el 19 de marzo.


Ella se llamaba Mercedes Valdez Montero
Tenía 40 años. La mató su expareja de varios disparos, uno de ellos en la cabeza, quien también mató a María José, de 55 años, e hirió a dos niños de 10 y 12 años. Al parecer, María José, de nacionalidad haitiana al igual que los menores, era amiga de Mercedes y se encontraba en su casa al momento en que el feminicida decidió quitarle la vida a su pareja. El feminicida se suicidó. Ocurrió en Las Matas de Farfán el 21 de marzo.


Ella se llamaba Glenys Antonia Abreu Tavarez
Tenía 36 años. Su cuerpo desmembrado apareció dentro de una funda plástica lanzada a un basurero, donde lo encontraron trabajadores de la alcaldía. De ella han dicho los medios que era indigente y dos confesos asesinos insinuaron que era trabajadora sexual. Glenys habría sido asesinada a machetazos en la casa de uno de ellos. Su padre dijo que la víctima dormía “donde la agarraba la noche”. Ocurrió en Santiago el 22 de marzo.


Ella se llamaba María Dolores Marte
Tenía 45 años. Graduada en Administración de Empresas y trabajaba en la telefónica Claro. La mató a balazos su pareja, de quien había decidido divorciarse tras descubrir que él tenía una relación paralela. Tenían diez años casados. Tras matarla dentro de su vehículo y herir a un hijo de ella, el feminicida se atrincheró durante ocho horas en la vivienda. En una conversación telefónica con un amigo amenazó con suicidarse porque no quería caer preso. Al final, se rindió. Ocurrió en el ensanche Alma Rosa, Santo Domingo Este, el 24 de marzo.


Ella se llamaba Lucesita Parra
Tenía 36 años. La mató su pareja de una puñalada en el pecho. El feminicida alegó que, teniendo el arma en la mano, cayeron al suelo durante una discusión y ella resultó con la herida que le cegó la vida. Todo fue accidental, según su relato. Era la mujer que él “más quería”, declaró a la prensa sin titubear siquiera. Ocurrió en San Francisco de Macorís el 24 de marzo.


Ella se llamaba Idaiza Sierra Saba
Tenía 20 años. Deja en la orfandad a un niño de tres años. La mató su pareja de una puñalada en el cuello. Tras cometer el feminicidio, el hombre se infirió algunas heridas con el supuesto propósito de suicidarse. Familiares de la víctima intentaron penetrar al hospital donde era atendido. Ocurrió en el sector Pueblo Nuevo, de Baní, el 25 de marzo.


Ella se llamaba Lourdes Antonia García Mejía
Tenía 41 años. La mató a tiros su expareja, quien también asesinó a su nuevo compañero. El feminicida esparció gasolina en la habitación donde sus víctimas fueron sorprendidos y le prendió fuego. Una hija de la víctima narró que el feminicida abrió la puerta de la casa con una llave que aún conservaba, rompió a patadas la puerta de la habitación y disparó contra la pareja. Horas después, se suicidó. Ocurrió en Ceiba de Madera, San Víctor, provincia Espaillat, el 28 de marzo.


Ella se llamaba Marisol Batista
Tenía 29 años. La mató a balazos su pareja en la casa que compartían. El feminicida se suicidó. Las notas periodísticas sobre el hecho solo recogieron la forma en que ella estaba vestida cuando fue atacada y la posición en que quedó su cadáver. Ningún otro dato que permitiera saber algo sobre ella como persona. Ocurrió en Higüey el 28 de marzo.


Ella se llamaba Carmen Milagros Paulino
No se publicó su edad. Era coordinadora de Matemáticas en el Distrito Escolar 03-04 de Baní. La mató a puñaladas su pareja, con quien tenía 25 años de casada. Antes de apuñalarla, intentó estrangularla. Profesor igual que su víctima, sus antiguos alumnos lo recuerdan como un hombre violento y de conducta irrespetuosa y agresiva. El feminicida se ahorcó. Ocurrió en Baní, el 31 de marzo.


NO SE SABE SI MURIERON


El 4 de febrero
Beatriz Morel Félix, de 25 años y embarazada de su quinto hijo, fue atacada machetazos por su expareja en su casa en la comunidad de Los Limones, en la provincia María Trinidad Sánchez. 


El 7 de febrero
Stefanny Carolina Aguasvivas, recibió cinco disparos de su expareja, con la que había procreado un hijo. Su frustrado feminicida se presentó alrededor de las 10:30 de la noche en su casa de Rancho Arriba, San José de Ocoa. 


El 17 de febrero
Una mujer de 55 años, de la que no se publicó el nombre, recibió golpes en la cabeza que le provocaron un trauma craneal y múltiples heridas en el rostro provocadas por su expareja. El frustrado feminicida, identificado como Rogelio Them, se suicidó después de darla a ella por muerta. El asalto se produjo en la casa de la mujer en Nagua, María Trinidad Sánchez. 


El 17 de marzo
Marimar Osoria, fue herida gravemente de varios disparos por su expareja, quien se presentó a su casa en el municipio de Sánchez, Samaná, y sin mediar palabras disparó contra ella y su abuela, a la que mató.


OTRAS VÍCTIMAS


El 28 de febrero
Vicenta Severino, de 68 años, murió junto a su sobrina Eusebia Muñoz Severino, por los disparos que hizo contra las dos la expareja de la primera. El feminicida se apersonó a la casa de Eusebia en el sector La Palmira, en Yamasá.


El 21 de marzo
María José, de 55 años, acompañaba en su casa de las Matas de Farfán a Mercedes Valdez Montero, cuando la expareja de esta última se presentó a la casa y disparó matándolas a ambas e hiriendo a dos menores. 


El 17 de marzo
Zoila Osoria, trató de evitar que la expareja de su nieta Marimar fuera asesinada por su expareja, resultando muerta y su nieta gravemente herida. Osoria había sido vicealcaldesa de Sanchez, Samaná, donde ocurrió el feminicidio.