Cuando la Inquisición española desenterró el cadáver de una mujer para lanzarlo a la hoguera donde se ejecutaba a sus hijos por herejía

Laicidad/ Religiones - 22-05-2021
Alfred López
Yahoo, España

De sobra conocida es la persecución que realizó la Inquisición española de todas aquellas personas que no comulgaban con la doctrina oficial de la Iglesia Católica, realizando numerosísimos ‘Autos de fe’‘Ordalías’ (también conocidas como ‘Juicio de Dios’) en los que juzgó, encerró o ejecutó a numerosas personas acusadas de herejía (mujeres señaladas por practicar brujería, personas que practicaban otras religiones como la musulmana o el judaísmo…) y, durante gran parte del siglo XVI, también hubo una especial persecución de los miembros de la recién creada ‘comunidad luterana’; sobre todo en Valladolid (capital del reino en aquel momento) y Sevilla (la ciudad más cosmopolita de la Península ibérica que albergó a grandes intelectuales y librepensadores de la época)

La irrupción de la Reforma protestante, iniciada en 1517 por Matin Lutero en Alemania, se convirtió en un molesto problema para la Iglesia Católica y desde la institución eclesiástica y oficialista del Imperio español no se podía permitir que el luteranismo se extendiera por el reino tal y como estaba ocurriendo por Centroeuropa.

El 21 de mayo de 1559 tuvo lugar en Valladolid uno de los ‘Autos de Fe’ más importantes en los que intervino la inquisición y con el que se quería frenar el creciente apoyo al luteranismo en España y en el que se juzgó y condenó a varios miembros de una insigne familia vallisoletana condenando a algunos de ellos a morir en la hoguera y a otros a pasar el resto de sus días encerrados en una mazmorra (además de un gran número de personajes vinculados a la comunidad protestante).

Se trataba de la familia del ilustre Agustín de Cazalla, famoso clérigo que durante varios años llegó a ser el capellán personal del rey Carlos I. Y fue precisamente durante un viaje por Europa, acompañando al monarca, cuando el religioso entró en contacto con las doctrinas de Martin Lutero, trayendo a España libros y documentos que sirvieron para fundar la citada comunidad luterana de Valladolid a su vuelta en el año 1552.

El domicilio familiar del ‘doctor Cazalla’ (como también fue conocido) se convirtió en el punto de encuentro de un buen número de personas que se reunían allí de forma clandestina durante la noche y donde se debatía, hablaba y estudiaba el luteranismo.

Esto llegó a oídos de las autoridades, ordenándose identificar y localizar a todo aquel que hubiese estado reuniéndose con Agustín de Cazalla o acudido a las reuniones en su casa y para el año 1559 la lista era lo suficientemente extensa como para iniciar un proceso por el que apresarlos y acusarlos de herejía.

El rey Carlos Ihabía fallecido un año antes, aunque su hijo, Felipe II, llevaba como rey desde 1556 tras la abdicación de su progenitor. Aquel Auto de Fe celebrado en Valladolid el 21 de mayo de 1559, además de coincidir con la fecha del cumpleaños del monarca, contó con la presencia de éste y de su tía Juana de Austria, quien se había encargado de la regencia de España durante los cinco años en los que Felipe II anduvo viajando por el extranjero.

Como ya era habitual en los procesos abiertos por la Santa Inquisición, ésta ya iba con un veredicto de culpabilidad preconcebido por herejía religiosa y las penas a la que sometería a los acusados ya decididas de antemano. Un gran número de estos serían enviados a morir en la hoguera, entre ellos el propio Agustín de Cazalla y tres de sus hermanos (Francisco, Beatriz y Pedro) y a otros dos hermanos Cazalla (Constanza y Juan) se les condenó a cadena perpetua.

Al tratarse el doctor Cazalla de un personaje muy relevante en la historia del Imperio y haber sido capellán personal del rey Carlos I, se le dio la oportunidad de que si confesaba y arrepentía de su pecado de herejía sería previamente ejecutado mediante el garrote y así no morir en las llamas de la hoguera (que era un auténtico suplicio).

Según relatan las crónicas de la época, Agustín de Cazalla accedió a retractarse del luteranismo, con el fin de que pusieran fin a su vida de un modo menos cruel que el quemarlo vivo y, parece ser, que convenció a parte del resto de condenados para que hicieran lo mismo y así ahorrarse tal suplicio.

Pero uno de los datos más llamativos y espeluznantes de este proceso es lo llevado a cabo por los miembros de la inquisición, quienes decidieron exhumar los restos mortales de la madre de Agustín de Cazalla (fallecida unos años antes y que nada tenía que ver con las prácticas luteranas de sus hijos) y ordenó que se lanzaran también al fuego que quemaría los cadáveres de todos ellos.

Este proceso, aunque frenó en parte la expansión de las comunidades luteranas por España, no la erradicó, siendo numerosos los Autos de Fe que se llevaron a cabo en los siguientes años, tanto en Valladolid como en Sevilla.

Alfred López

Fuente de la imagen: Wikimedia commons