Precariedad, inestabilidad e incertidumbre: así afecta la COVID a los jóvenes

02-11-2021
Economía y empleos
Ethic, España
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Crecieron en un ambiente económico de bonanza y con la convicción –o, al menos, esperanza– de que antes de cumplir los 30 tendrían un trabajo estable y bien remunerado que les permitiría alcanzar una posición social similar o mejor que la de sus padres. Los milenials, esa generación de jóvenes de la que se ha dicho de todo –y no siempre bueno-, hizo los deberes y se convirtió en «la más preparada de la historia» para encontrarse de lleno con la crisis económica de 2008. Cuando parecía que la cosa estaba remontando y podían empezar a vislumbrar mejoras laborales, la crisis originada por el coronavirus ha vuelto a truncar sus planes.

«Las personas jóvenes son las que han experimentado con mayor intensidad los efectos del parón económico derivado del confinamiento», afirma el estudio Juventud en riesgo: análisis de las consecuencias socioeconómicas de la COVID-19 sobre la población joven en España, elaborado por Injuve. Una conclusión imposible de rebatir si se presta atención a los datos de empleo que también figuran en ese informe: en comparación con el mes de marzo, en abril hay un 33,3% más de personas jóvenes en paro. «Además, la tasa de paro de la población joven en España se sitúa en el 25,2% durante las primeras semanas del estado de alarma, registrando un incremento trimestral más de dos veces superior al que se ha registrado entre la población de 30 a 64 años», reflejan.

Precariedad e incertidumbre laboral

Las cifras de los primeros meses de la pandemia no deberían eclipsar el hecho de que antes del coronavirus la situación laboral de los milenials tampoco era idílica. En septiembre del año pasado, el desempleo juvenil medio de la Unión Europea era del 14,4%, aumentando hasta el 32,2% en España, solo por debajo de Grecia. Y los que trabajaban entonces lo hacían en unas condiciones más precarias que idílicas. En 2018, «la contratación temporal concentra el 90,75 % del total, mientras que la indefinida solo significó un 9,25 % sobre el total de contratos suscritos con jóvenes», señala el Informe del mercado de Trabajo de los Jóvenes elaborado por SEPE.

La temporalidad y los sueldos bajos –en ese año, casi el 40% de los jóvenes de entre 16 y 34 años cobró menos de 750 euros al mes, según datos de la Encuesta de Población Activa– han forjado en gran medida el carácter de una generación que ya se conforma con poco. «Somos una generación que hasta agradece tener prácticas gratis cuando antes ser mileurista era considerado ser pobre. Ahora, ser mileurista significa tener muchísima suerte», opina Bárbara Martínez. Con 27 años, se siente afortunada por tener un trabajo en el que se considera su formación como bióloga, aunque asegura que «si antes del coronavirus pudiera haber habido una mejora laboral, ya no la va a haber».

Román García, también de 27 años, coincide en considerarse «afortunado» aunque su situación es bastante distinta. Como músico, trabaja en uno de los sectores más fuertemente golpeados por el parón laboral derivado de las medidas necesarias de prevención contra la covid-19. «A raíz del coronavirus, el 50% de mis ingresos –los que correspondían a conciertos, grabaciones o producciones– han desaparecido. Gracias al otro 50% que me llegaba de la docencia musical y a la ayuda que recibí del gobierno, he podido subsistir y amoldarme a la situación poco a poco. Jamás habría imaginado que con dos carreras y un máster me podría sentir afortunado al tener un ingreso de 1.000 euros», explica.

Futu¿qué?

«Me da mucho miedo perder mi trabajo porque sé que me voy al paro indefinidamente», reconoce Bárbara Martínez. Una confesión que sintetiza la imposibilidad de los jóvenes de pensar en el futuro cuando su presente puede cambiar en días. Injuve se muestra claro sobre la volatilidad laboral de los milenials: un 41% de los jóvenes acogidos a un ERTE, aunque mantienen su relación con la empresa, «enfrentan un riesgo específico y grave de engrosar las filas del paro si esta no recupera su plena actividad una vez terminado el estado de alarma, es decir, los jóvenes son el colectivo con mayor riesgo de perder el empleo ante el fin de los ERTE». El informe concluye que la precariedad laboral amenaza a los jóvenes de dos maneras, «de forma inmediata serán los primeros en ser despedidos al término de los ERTE y, a medio plazo, los que conserven sus empleos serán los más expuestos al despido si se materializa la amenaza de una emergencia económica provocada por el coronavirus».

Según Injuve, en abril había un 33% de jóvenes en paro más que en el mes de marzo

¿Puede alguien hacer planes de futuro en el plano personal cuando el profesional se vaticina tan complicado? «Tiene sentido pensar que la pandemia también tendrá su efecto en los proyectos vitales de millones de jóvenes. Lo más seguro es que la crisis aplace decisiones de maternidad, pueda cambiar parejas y haga que aún se retrase más la edad de emancipación», reflexiona Pablo Simón, politólogo, en su libro Corona. Política en tiempos de pandemia (Debate).

Patricia Durán, comunicadora y docente adjunta en una universidad pública, cuenta que, aunque su situación laboral no se ha visto afectada por la pandemia, sí lo han hecho algunos de los planes que tenía con su pareja, como comprarse un piso en unos años. «Durante los primeros meses de la pandemia él estuvo de ERTE y el no saber qué iba a pasar con su situación nos limitó mucho el proyectar a futuro», cuenta. Sin embargo, también admite que, más allá de proyectos concretos, la pandemia ha cambiado su perspectiva en general. «Ahora mismo estoy mucho más centrada en los planes a corto plazo, ya sean familiares, en pareja o los míos propios personales porque la pandemia me está haciendo darme cuenta de que pensar a largo plazo no tiene mucho sentido».

Una sociedad desigual

Mientras que unos puestos de trabajo se destruyen o peligran, otros se generan. Otra de las consecuencias –quizá no directas de la crisis provocada por el coronavirus pero sí aceleradas por ella–, es la desigualdad de oportunidades en función del sector profesional al que te dediques. Al margen del ámbito sanitario que, por razones obvias, sumó 31.795 afiliados nuevos a la Seguridad Social hasta el 31 de agosto, los jóvenes enfocados laboralmente al sector de la tecnología lo han tenido más fácil este año y todo apunta a que lo seguirán teniendo.

«La tecnología digital es el punto común de los Empleos Emergentes 2020 en España. No solo desde un punto de vista técnico, los profesionales que más proliferan en LinkedIn son aquellos que a través de la tecnología conectan a personas, ayudan a los gestores a tomar decisiones más inteligentes e informadas e impulsan el cambio estructural en las organizaciones para hacerlas más ágiles y competitivas», señala el Informe Empleos Emergentes 2020 de LinkedIn.

En esta situación se encuentra Iker González Araquistain de 25 años. Graduado en Ingeniería Civil y Territorial, estaba haciendo prácticas en una consultora multinacional cuando estalló la pandemia y al finalizarlas le contactaron de otra, pero esta vez para una vacante profesional. Además, recalca, «con un salario un 12,5% superior al que había pedido». «A diferencia de la inmensa mayoría de gente de mi edad, puedo decir que he conseguido mejorar, y mucho, mi situación económica durante el coronavirus», añade. Con esta misma suerte, y corroborando el informe de LinkedIn, se encuentra también Durán. «Trabajo en dos compañías relacionadas con el sector tecnológico y toda esta situación ha potenciado el uso de las tecnologías y, en consecuencia, estamos teniendo grandes picos de trabajo y proyectos y parece que se va a mantener en esta línea», explica.

Salvar a la generación Z

Aunque los milenials son los más afectados por la crisis económica en el presente más inmediato y en el medio plazo, los jóvenes de la generación Z tampoco están a salvo. Nacidos a partir de 1997, los más mayores tendrían que estar viviendo sus primeras experiencias laborales y los más pequeños yendo al instituto y al colegio para aprender y decidir qué querrán ser. Sin embargo, el confinamiento estricto de la primera ola dificultó las rutinas de todos ellos creando, además, un nuevo caldo de cultivo para la desigualdad: el acceso a la educación online.

El sector tecnológico es el punto común de los empleos emergentes este año

«El cierre de los centros educativos y universidades fue una de las primeras medidas que se implementaron ante la emergencia sanitaria. En este contexto, el aprendizaje y el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes se ve interrumpido y las circunstancias socioeconómicas de las familias y los hogares son más relevantes para dar continuidad a la educación. En los casos más vulnerables, las tasas de abandono escolar podrían aumentar, agravando la desigualdad», afirma el estudio El impacto de la crisis del COVID-19 en la adolescencia en España, elaborado por Plan Internacional.

Aunque es pronto para hacer pronósticos sobre cuántos años costará recuperar la economía, Unicef ya advierte de que la grave recesión económica mundial «está empobreciendo a adolescentes y niños y está acentuando aún más la desigualdad y la exclusión que ya existían». Ante esta situación, la organización ha lanzado un plan de seis puntos para evitar una generación perdida a causa de la COVID-19. En él urgen a los Gobiernos a invertir más recursos y tiempo para comprender la repercusión que esta crisis tendrá en la generación Z. «Como todo lo que merece la pena, no será fácil conseguirlo, pero por el bien de nuestro futuro en común y por el presente y el futuro de nuestros niños, es un desafío que debemos afrontar lo antes posible», concluyen.