«No pensamos en los pobres hasta que nos lo exigen por razones humanitarias»: Sean Penn

Cine
23-11-2020
Ethic

«Hablando claro, sé lo difícil que se las pongo para caerles bien», decía en una de las primeras frases de su agradecimiento tras recibir su segundo premio Oscar.

Era 2009 y lograba levantar de nuevo la estatuilla –seis años antes, ya lo había hecho por Mystic River, dirigida por Clint Eastwood– por su interpretación protagonista en Mi nombre es Harvey Milk, película basada en la vida del primer cargo público estadounidense en ser elegido tras declararse abiertamente homosexual.

Sin embargo, tras más de cuatro décadas de carrera y activismo, Sean Penn (California, 1960) ha hecho méritos de sobra para ser admirado.

Poco se puede decir de su palmarés cinematográfico, que abarca decenas de películas en las que ha participado como actor –además de las dos estatuillas ya mencionadas, tiene en su haber un Globo de Oro, dos copas Volpi y el premio Donostia, entre otros–, como director y guionista.

Aunque desde los años ochenta no ha parado de trabajar para la industria del cine, durante todo ese tiempo no se ha olvidado de usar la fama para denunciar las injusticias ocurridas dentro y fuera de Estados Unidos.

Penn fue especialmente crítico con la invasión de Irak en el año 2003 –llegó a visitar la zona antes de que comenzase la ofensiva militar–, pero sobre todo ha centrado su labor en la cooperación humanitaria, especialmente tras el Huracán Katrina o el terremoto de Haití de 2010, que causó más de 300 mil muertos.

Tras él fundó su propia organización sin ánimo de lucro –hoy llamada CORE, (Community Organized Relief Effort)–, que llegó a dar empleo a más de trescientas personas y que centraba sus esfuerzos en llevar atención sanitaria y educativa a los damnificados por el seísmo.

«En Estados Unidos somos el país más rico del mundo y nos ocupamos de los ricos, no de los pobres. No pensamos en ellos hasta que nos lo exigen por razones humanitarias, y no tenemos un gobierno que sea capaz de ocuparse de ello. Por eso, como ciudadanos, siempre hemos sentido la necesidad de contribuir, ya sea cortándole el césped a un abuelito que viva cerca o montando una organización como CORE», explicó.

Sin embargo, para el director de Into the Wild, la Covid-19 ha abierto las costuras de todo el sistema y el modo de vida individualista estadounidense.

«Estoy convencido de que tendríamos que tener un servicio obligatorio, y no me refiero al militar. Los jóvenes deberían ayudar a cuidar los bosques, a asistir a los ancianos. Tienen que sentir que sus acciones importan, que pueden ayudar a los demás. Si lo hicieran, jamás se olvidarían de esa experiencia y eso les generaría un sentido de la responsabilidad colectiva del que estarían orgullosos».

«Sin embargo, en la sociedad estadounidense contemporánea, lo que la juventud tiene es un enorme sentido de la avaricia y la superficialidad», explica Penn.

Tras décadas en Hollywood –a menudo perfecto ejemplo de ambas–, cuenta cómo el tiempo también le ha dado perspectiva sobre lo que es o no importante.

«Al mirar hacia atrás, cada cosa que yo sentí que fue un regalo en mi trabajo no puede compararse con lo que podemos hacer cuando trabajamos todos juntos, ya sea con ayuda del Gobierno o de los propios vecinos. Cuando no lo hacemos es cuando aparece el enemigo, que en este caso es un virus».

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