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Ramón Tejeda Read
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Lunes, 02 de Diciembre de 2013
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Hay que ouelet reconocer, sin mezquindades, la ecuanimidad y corrección con que el presidente Danilo Medina ha manejado la crisis provocada con Haití por la sentencia 168/13 del Tribunal Constitucional.

Ni los delirantes de aquí, ni los delirantes de allá han podido imponer su agenda enfermiza.

Creo que la sentencia del Constitucional es criticable, sin dudas, por los criterios de exclusión con que se maneja so capa de querer [‘’regularizar’’ la cuestión migratoria] en nuestro país; pero, de manera sabia, el presidente Medina convirtió en una oportunidad lo que unos vieron como un problema y otros vieron como el chance para nacionalismos estrechos y fanatismos morbosos a ambos lados de la frontera.

Velozmente, y por primera vez desde que fue promulgada en 2004 la ley que crea el Consejo Nacional de Migración, convocó a esa institución—es decir, le dio existencia—y con sus integrantes trazó un plan de acción en consonancia con la sentencia del Tribunal Constitucional para solucionar el problema legal al tiempo que buscaba un bajadero a la cuestión humanitaria  planteada frente a los dominicanos de ascendencia haitiana en nuestro país.

En tiempo récord, ha sido evacuado el decreto 327/13, que establece los términos y condiciones para la regularización de los extranjeros en situación migratoria irregular y que, además, deja claro que nuestro país está comprometido con la ejecución de una política migratoria transparente, que respete nuestra soberanía, los derechos humanos, los acuerdos internacionales y fomente la cohesión social. De paso, designó una directora general para el Instituto Nacional de Migración.

Un comercio que involucra más de dos mil millones de dólares no puede manejarse sino con mucho tacto y sabiduría. Eso ha hecho el presidente.

Por encima de las élites económicas y políticas de ambos lados de la frontera están dos pueblos; y están millares de familias que dependen de ese mercado para su subsistencia más allá de los intereses de grupos haitianos y dominicanos.

Si en Haití hay grupos que buscan la inestabilidad política para alzarse con el poder y a quienes detentan ese poder les interesa dirigir esas contradicciones en otras direcciones, no importa que eso represente dañar nuestras relaciones bilaterales, desde aquí no se puede responder con la misma insensatez.

El objetivo fundamental de un gobierno es cuidar a su pueblo, cuidar a la gente y a sus negocios para que nada los ponga en peligro poniendo también en peligro la estabilidad política y económica nacional.

Con eso ha cumplido correctamente el gobierno dominicano y al hacerlo ha dado cumplimiento también a la sentencia del Tribunal Constitucional, ha buscado una solución definitiva a la regulación migratoria, ha abierto una puerta de solución humanitaria a la situación de los dominicanos de ascendencia haitiana, ha dado cumplimiento a la ley de migración del 2004, ha dado existencia al Instituto Nacional de Migración y ha impedido que la crisis desborde sus límites, evitando al mismo tiempo males mayores a los más débiles de ambos lados de la frontera y a los millares de personas que también a ambos lados viven del comercio binacional.

Y ése es un nuevo triunfo—y no pequeño—del presidente Danilo Medina. Ojalá que ni de este lado, ni del otro, se insista en empañarlo.

Perspectiva Ciudadana