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Ramón Tejeda Read
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Lunes, 09 de Septiembre de 2013
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El objetivo esta vez es Siria. El pretexto: liberar al pueblo sirio de la dictadura de Bashar al Assad, que (aunque no ha sido confirmado por la comisión de la ONU encargada para el caso) ha usado armas químicas en la guerra contra los rebeldes que arma Estados Unidos a través de Turquía.

Estados Unidos, sin embargo, es de los pioneros en el uso de armas químicas y en Viet Nam las utilizó más allá de la obscenidad y la crueldad. Todo el mundo recuerda a los niños y ancianos vietnamitas huyendo despavoridos de las aldeas bombardeadas con napalm y con el agente naranja que destruyó millones de hectáreas de bosques.

Todo el mundo recuerda los cuerpos de los vietnamitas mutilados, literalmente asados, la piel desgarrada, los rostros y miembros desfigurados por los agentes químicos calcinantes lanzados desde aviones de Estados Unidos.

Obama ya era un joven cuando aquella locura criminal indescriptible se llevaba a cabo en la patria de Ho Chi Minh y mucha de la fama que lo llevó al gobierno, a pesar de la recia discriminación de que fue objeto, tuvo mucho que ver con ese pasado que todavía es condenado por buena parte de la población estadounidense a la que ahora él vuelve a manipular a favor del guerrerismo.

 

Perro huevero, aunque le quemen el hocico, dice el pueblo dominicano, buena forma de advertir la naturaleza invariable de ciertos fenómenos sociales. El presidente Obama es el hijo de un Estado y un sistema que necesita la guerra para vivir y él no irá contra la corriente. Lo ha dejado claro más de una vez y la más aberrante fue aquella cuando—en desconocimiento de la solemnidad y el respeto que debe a su condición de jefe de Estado—degradó su categoría al sentarse al lado de un jefe militar a ordenar la ejecución de un jefe terrorista, convirtiéndose así en simple cabeza de un pelotón de fusilamiento.

El Premio Nobel de la Paz hoy busca apoyo para su nueva guerra. De ahí los piropos a Rajoy y a su manejo de la economía española. (Si Aznar apoyó a Bush, ¿por qué Rajoy no me va a apoyar?, piensa). Y está contento. La nueva empresa moverá la deprimida economía de su país, insuflará nuevos bríos al chauvinismo estadounidense, probablemente posicionará mejor a su partido para las elecciones parciales de 2014 y quién sabe si hasta para las nacionales del 2016, al tiempo que gana hegemonía para sí y para sus aliados en Medio Oriente.

Un negocio redondo, aunque absurdo. Tan absurdo como que, en represalia por el asesinato de unas personas, se está dispuesto a lanzar toneladas de bombas desde aviones automáticos que, no sólo asesinarán a centenares de otras personas, sino que destruirán puentes, aeropuertos, edificios y cuanta estructura física, es decir, riqueza, sea necesario destruir. Pero las empresas norteamericanas, desde luego, irán después a construir.

No importan los llamados a la paz del Papa Francisco. No importan las convocatorias para que se siente a los involucrados en el conflicto a negociar una salida pacífica que evite más muertes. No importa el escaso apoyo ganado para la causa de Obama.

Así son las guerras para los gobiernos de Estados Unidos: ‘’una cuestión de carta y pi son cuatro y un virado son cinco’’; una oportunidad a buscar a toda costa para hacer saber quién es que manda en el mundo. Aunque eso hoy sea puro espejismo, pura máscara de tragedia, pero negocios son negocios (políticos y económicos) y de nuevo estamos en la antesala de otra hecatombe, gracias al Premio Nobel de la Paz Barak Obama.

Perspectiva Ciudadana