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Ramón Tejeda Read
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Lunes, 11 de Noviembre de 2013
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 Revise las agendas y revise el lenguaje que nos quieren poner a hablar.

La agenda de unos es el 2016. El gobierno del presidente Medina apenas tiene un año y dos meses y  ya hay quienes afanan para el 2016. Es un derecho, dicen. Y es una insensatez también. Peor aún en aquellos que tienen altos cargos y compromisos en el Estado.

La agenda de otros grupos es el nacionalismo. Trasnochado, por cierto, en tiempos de franca internacionalización de las comunicaciones y de internet, por ejemplo.

No importa que lo reivindiquen también algunos gobiernos europeos y sus élites dominantes. Trasnochados también.

Lo que buscan todos, aquí y allá, es ponernos a hablar su lenguaje, imponernos sus temas como ‘’lo fundamental en la vida de la nación’’ y que salgamos a proclamar SU agenda.

Pero hay otra agenda, y ésa sí que es real y necesaria. La cumple, por ejemplo, el presidente Medina cada fin de semana.

Es la agenda del pueblo, el verdadero pueblo necesitado. Esa agenda habla de solidaridad, de creación de oportunidades, de creación de riqueza, de generación de empleo.

Casi ciento treinta visitas, casi trescientos cincuenta proyectos de producción puestos en marcha, cerca de cuarenta mil empleos directos creados, decenas de organizaciones agropecuarias y artesanales creadas o recuperadas y reactivadas; miles de emprendedores beneficiados con crédito a muy bajas tasas de interés; miles de micro, pequeños y medianos negocios reactivados, el sector educación en una verdadera revolución…

Es la agenda que alguien quiere ocultar. Es la agenda oficial sobre la cual se quieren imponer las otras agendas, las de grupos e individuos con intereses particulares.

Es una barbaridad contra la cual hay que actuar. El pueblo primero, porque es la agenda del pueblo la que se quiere suplantar, sustituirla por la agenda de grupos e individuos.

A otro perro con ese hueso. Los problemas reales del pueblo dominicano son la falta de empleo, la falta de oportunidades, el mejoramiento constante de la educación pública, que los pobres también tienen derecho a la educación de calidad, a la salud, al crédito en condiciones justas para desarrollar la micro, la pequeña y la mediana empresas.

 

Acompañar al gobierno en ese esfuerzo histórico es un deber. Todo lo otro es ruido, mucho ruido para distraer. ¿Para qué? No es difícil de averiguar.

Perspectiva Ciudadana