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Ramón Tejeda Read
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Lunes, 14 de Septiembre de 2020
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En agosto del 2012, un Danilo Medina recién instalado en  la Presidencia proponía a todo el país lo que había venido predicando desde el año 2000: la necesidad de que todos los sectores de la sociedad alcanzaran un consenso que permitiera la firma de tres pactos: uno por la educación, otro para alcanzar la eficiencia y sostenibilidad energética (Pacto Eléctrico) y el otro para garantizar la sostenibilidad económica y financiera del desarrollo presente y futuro de la sociedad dominicana (Pacto Fiscal).

Dichos pactos no los sacaba el entonces presidente Medina de debajo de la manga. No eran el fruto de la improvisación o de una situación coyuntural como lo son hoy el COVID-19 y la elección de una nueva JCE. Esos tres pactos eran el fruto del análisis consciente del presente y el futuro local y global y procuraban dar cumplimiento a la Ley de Estrategia Nacional de Desarrollo aprobada en el 2010. La propuesta era el resultado de una visión estratégica, de largo plazo, no circunstancial o de corto plazo.

Los tres pactos siguen teniendo hoy tanta vigencia como entonces.Pero, lamentablemente, la sociedad ha tenido que ir avanzando sin ellos y, en el caso de los pactos por la Educación y por la Electricidad, a tropezones. Del pacto fiscal ni se ha podido hablar. Poderosos sectores económicos lo adversan y lo posponen y para ello han contado con el apoyo de quienes hoy gobiernan, proclives a toda componenda anti PLD aunque ello signifique atrasar el desarrollo económico y social dominicano.

A tropezones se pudo firmar el Pacto por la Educación y se avanzó en el Pacto Eléctrico, pero en ambos casos la gatica de María Ramos (que tira la piedra y esconde la mano, como dice el pueblo) ha estado haciendo de las suyas. El hoy gobernante PRM, atrincherado en un oposicionismo cerril, siempre que pudo echó la pasta de jabón al sancocho de la educación dominicana: trató de entorpecer la jornada escolar de tanta extendida; organizó huelgas por cualquier motivo; los sueldos de los docentes fueron multiplicados por tres y  hasta por cuatro, pero ellos pedían más; se duplicó el número de aulas y se mejoró la alimentación escolar, dos hechos históricos para nuestro país que ellos tampoco aprobaban. Finalmente, a regañadientes, firmaron el pacto, pero lo entorpecieron hasta lo indecible.

Para el Pacto Eléctrico se convocó a todos los sectores involucrados (oposición política incluida). Se discutió. Se consensuó. Se llegó incluso al momento de la firma, pero el PRM guerrillero de entonces y en representación de la gatica de María Ramos, como siempre, no firmó. Peor aún, se fue a la calle a dirigir la llamada “marcha verde”, denunció a Punta Catalina como lo peor que podía ocurrir a nuestro país; trató por todos modos de impedir su construcción y el resto lo conocemos.

La pregunta es válida: ¿Qué fuera de la República Dominicana hoy sin Punta Catalina aportando el treinta por ciento de la energía que necesita el país? ¿Qué fuera hoy del país si el gobierno se hubiera dejado intimidar por la guerrilla “verde” del PRM y sus poderosos aliados?

Los que hoy buscan consenso, finalmente no firmaron el Pacto Eléctrico y hubo que avanzar a trompicones. Hoy uno de los logros más importantes en materia energética, además de Punta Catalina, es lo que los técnicos llaman el cambio de la matriz energética. República Dominicana ha reducido drásticamente, y está en el camino de reducir aún más la dependencia de combustibles fósiles derivados del petróleo. El sector privado invierte en energías renovables siguiendo los planes trazados por el gobierno de Medina y los objetivos de desarrollo sostenible (ODS) de la ONU. Y el presidente  no tuvo que exhibirse en un Tesla.

El Pacto Fiscal es otra historia. No fue posible tocarlo ni con el pétalo de una rosa. Pero en algún momento nos daremos cuenta de que es imposible seguir avanzando sin él. Ojalá y no sea muy tarde cuando lo logremos.

 

Perspectiva Ciudadana