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Ramón Tejeda Read
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Lunes, 16 de Septiembre de 2013
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Será importante que recordemos siempre el dato que aportaba en estos días el ministro de Educación Carlos Amarante Baret, en el sentido de que, en toda su historia y al 2012, el sistema educativo dominicano alcanzó unas treinta y tres mil aulas y que ese número será prácticamente duplicado de 2013 a 2015, es decir, en tres años.

En efecto, en una iniciativa sin precedentes, en este año 2013 la educación dominicana contará con diez mil aulas más y tendrá otras diez mil en el 2014 y ocho mil más en el 2015: un hecho histórico.

Más aún, en tiempos atrás, esas veintiocho mil aulas hubieran sido construidas por cuatro o cinco grandes firmas constructoras que se hubieran alzado con un presupuesto multimillonario a repartir entre sus asociados sin ninguna transparencia y con la opacidad y discrecionalidad que aprovecharía el mandatario de turno para fabricar unos cuantos millonarios de su entorno.

Esta vez, en un ejercicio admirable de claridad, participación, democracia y veeduría social, la construcción de todas las nuevas escuelas es otorgada mediante concursos públicos, dejando claro que no era una consigna más aquello de ‘’lo que nunca se ha hecho’’.

Hablamos de un cambio cuantitativo sin precedentes que, sin dudas, tendrá repercusiones cualitativas en el presente y el futuro del sistema educativo dominicano.

‘’Hombres haga quien quiera hacer pueblos’’, decía Martí, y no hay otro espacio para construir los nuevos hombres y mujeres del nuevo pueblo dominicano más idóneo que la escuela, y nuestra escuela está hoy en revolución.

Porque no se trata sólo de construir las casi treinta mil escuelas que harán realidad la tanda extendida de ocho horas en el país: este 2013 se construirán también cien nuevas estancias infantiles y cien centros comunitarios y sus redes familiares y a trescientas escuelas les es mejorada su estructura física. De paso, pronto se inicia la construcción de casi medio millón de pupitres para sustituir los ya deteriorados y dar cabida a la nueva matrícula que ingresará a la escuela.

Nunca antes, desde Eugenio María de Hostos, se había visto en el país una obra tan gigantesca de transformación que abarca la geografía nacional y que, al tiempo que aumenta en cantidad el número de aulas, impacta en la calidad con iniciativas como el Plan Nacional de Alfabetización Quisqueya Aprende Contigo, el programa Quisqueya Empieza Contigo para niños de cero a cinco años de edad y la incorporación de más de siete mil maestros y maestras al sistema.

Habría que ser mezquino o ignorante para no darse cuenta del empeño puesto por el nuevo gobierno en mejorar la educación dominicana; para no verlo en toda su dimensión renovadora y en todo su impacto social: desde la puesta en marcha de la tanda extendida a escala nacional, el inicio también a escala nacional de la educación inicial (o pre-escolar, como se llamó), la eliminación del analfabetismo, la creación de las condiciones indispensables para garantizar el derecho a la educación de la población más pobre y excluida, hasta la concepción de la educación como generadora de cohesión social, construcción de comunidades participativas en el proceso educativo, movilizadora de las economías locales y, en síntesis, generadora de democracia social y económica, no meramente política o politiquera.

Estamos ante un fenómeno inédito e histórico

Perspectiva Ciudadana