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Ramón Tejeda Read
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Domingo, 22 de Julio de 2012
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Los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas o ex parejas corren de la mano con lo que se da en llamar violencia social.

Los unos y la otra son el síntoma de males profundos en la sociedad dominicana que tienen que ser enfrentados por el Estado y sus gobiernos con inteligencia, decisión y urgencia. Los unos y la otra hablan del fracaso de un modelo económico y social.

De hecho, plantean una situación de emergencia y un problema de salud pública.

El asesinato de mujeres, sin embargo, habla de una opresión particular dentro de la opresión general en que viven millones de dominicanos faltos de oportunidades de trabajo, terriblemente alienados por prejuicios ancestrales y con muy escaso grado de educación.

El resultado de la ignorancia, los prejuicios y la falta de oportunidades no puede ser más fatal. La violencia social que crece en las desigualdades económicas y sociales tiene en nuestras mujeres a una víctima especial.

Por cada mujer asesinada hay niños y niñas dejados en la orfandad en una sociedad carente de estancias infantiles, de espacios de crecimiento para niños y niñas, de grupos de apoyo comunitario…

Es decir, hablamos de una tragedia a gran escala. Un día de luto con escala en el Congreso no es suficiente, como se ve. 

Perspectiva Ciudadana