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Ramón Tejeda Read
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Miércoles, 21 de Agosto de 2019
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En todas las partes del mundo en donde triunfan, la agenda y discurso del veneno son promovidos por las fuerzas más conservadoras.

 Sólo hay que detenerse en tres ejemplos notables: Donald Trump, en Estados Unidos; Jair Bolsonaro, en Brasil, y Mauricio Macri, en Argentina. Los tres se elevan sobre un discurso altisonante que tiene las siguientes características: 1. Es agresivo, provocador, violento y temerario. El lenguaje de ese discurso puede incluso ser soez con el propósito de reducir a quienes identifica como sus contrarios y a los pobres a lo más vil y despreciable. Las masas enardecidas por tal discurso, incapaces de identificar las verdaderas razones de la desigualdad y de sus  miserias, convencidas con el argumento fácil de que todo se explica con la presencia de los inmigrantes y la corrupción política, acuden en apoyo de tales discurso y agenda, como hemos visto en los tres casos mencionados. Así, bajo ese engaño, han llegado esos personajes a la jefatura del Estado.

Pero el propósito fundamental del discurso y agenda del veneno nos lleva a su segunda característica: 2. Ambos, discurso y agenda, van dirigidos a desmontar, a invalidar políticas públicas; a disminuir o anular la inversión pública en salud, educación, protección de la infancia y de los grupos marginados con el propósito de reorientar los fondos liberados del presupuesto a sus planes de beneficiar a los sectores que representan. En el caso de Trump, el presupuesto de guerra de los Estados Unidos ha sido incrementado de manera brutal en sus tres años de gobierno y viejos y nuevos conflictos bélicos han sido alimentados a lo largo del planeta.

3. Este discurso es terriblemente abrasivo; está dirigido a dividir a la sociedad aún más para desviar la lucha de clases y enfrentar a pobres contra pobres; pobres inmigrantes contra nacionales pobres; ciudadanos pobres y clase media contra políticos y políticas públicas de aumento de la inversión social del Estado en los más vulnerables, y también busca dirigir esa inversión hacia los sectores más ricos.

 El discurso del veneno no cohesiona, sino que atomiza y fanatiza y aquí viene su característica más sospechosa y letal: 4. Este discurso coincide punto a punto con el discurso de los fanáticos nazis y fascistas que protagonizaron la segunda guerra mundial. ¿Coincidencia? Claro que no.

Pero si en Estados Unidos, Brasil y Argentina, modelos de éxito de ese discurso y esa agenda, éstos han sido enarbolados por los sectores más conservadores, no se puede decir lo mismo de la República Dominicana.

En nuestro país, parapetados en el discurso del veneno no se encuentran solamente los sectores más conservadores y fanatizados, sino también líderes de la llamada izquierda tradicional o vieja izquierda dominicana y otros sectores que de ordinario tienen agendas progresistas. A ambos se los vio marchar juntos en la denominada marcha verde, un experimento fallido de movilización popular con ribetes progresistas, pero que escondía propósitos reaccionarios, como pudo comprobarse después; que estaba financiado por grupos económicos poderosos y por ONG internacionales de conocida procedencia y trayectoria conservadora. Intelectuales y periodistas de cierto prestigio también participan del discurso y agenda del veneno en colaboración curiosa con los sectores fanáticos y conservadores.

Las elecciones generales del 2020 verán sin duda recrudecerse ese discurso dirigido contra los candidatos del PLD, insistiendo en la agenda de la corrupción y la impunidad (que son sus temas preferidos y únicos para buscar adeptos), pero escondiendo sus verdaderos fines: desmontar las políticas públicas fortalecidas durante los años de gobierno de Danilo Medina. Así lo hicieron cuando llegaron al poder en el año 2000 y no vacilarán en repetirlo. El pueblo dominicano está convocado, por tanto, a decidir entre fortalecer todo lo que ha conseguido en los últimos años en materia de salud, educación, oportunidades de trabajo, transparencia, infraestructura, crecimiento económico, etcétera, y la aventura de los grupos que se parapetan detrás del discurso y agenda del veneno; un discurso y  una agenda que, como hemos dicho, no son nacionales por más que así nos los vendan, ni tienen por objetivo superar  los males de que tanto hablan, sino instalar en el poder a los grupos conservadores que los enarbolan.

Perspectiva Ciudadana