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Ramón Núñez Ramírez
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Domingo, 10 de Junio de 2012
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Una de las causas de la preservación de un escenario de crecimiento con estabilidad en esta administración lo ha sido la coordinación entre la política monetaria y la fiscal; muy especialmente porque la Administración Monetaria y Financiera ha sabido actuar con antelación, cuando ha sido necesario aplicar una política monetaria restrictiva, como lo fue en 2008, o cuando fue necesario flexibilizarla en 2009.

En 2008 se produjo el más grave choque mundial de los precios, y frente a un aumento  del déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos, con el crédito de los bancos creciendo a una tasa anualizada de 28.5% y una política fiscal expansiva, las autoridades del Banco Central actuaron desde febrero de ese año elevando la tasa de política monetaria de 7% a 9%, posteriormente se elevó a 9.5%; se sacrificaron reservas para financiar el déficit y simultáneamente reducir el circulante, y otras medidas relativas al encaje de los bancos múltiples. Gracias a esa política monetaria restrictiva y al desplome mundial de los precios, a raíz del colapso del banco de Inversión Lehman Brothers, ese 2008 concluyó con una inflación de apenas 4.52% y la economía creció 5.3%.

En 2009 cambia el panorama, los precios mundiales se desploman por efecto de una economía global que había entrado en recesión, y frente a las restricciones de la política fiscal de aplicar los estímulos recomendados por el FMI y el G-20, por la inexistencia de un acuerdo con el FMI que diera luz verde al ingreso de recursos externos, entonces la política monetaria desde inicios de ese año cambió a una postura más flexible, para así actuar de forma contra-cíclica y estimular la demanda agregada, vía el aumento del crédito a más bajas tasas de interés.

En ese año la tasa de política (el overnight que se paga a las entidades de intermediación financiera por sus depósitos de cortísimo plazo en el BC) fue reducido gradualmente desde 9.5%  en enero hasta 4.0% en septiembre; también se hicieron modificaciones al Reglamento de Evaluación de activos y las Normas de adecuación Patrimonial para flexibilizar el crédito, y en adición se liberaron RD$19,697 millones del encaje legal para ser dirigidos en préstamos a los sectores productivos, construcción y mipymes. Gracias a ese conjunto de medidas la economía dominicana, en medio de una recesión global, experimentó un crecimiento de 3.5%, uno de los más altos de la región. En la medida que los recursos externos fluyeron, gracias al nuevo Stand-By con el FMI, y la recuperación económica mundial comenzó a estimular alzas petroleras y de los alimentos, las autoridades del BC desplazaron en 2010 y 2011 la política monetaria a un terreno más neutral y el overnight se elevó desde 4% a 6.75%.

En la actualidad la crisis de deuda en la UE y la revaluación del dólar, entre otros factores, han impulsado un descenso en los precios mundiales, colocando la  inflación interna por debajo de la meta del Programa Monetario, y para evitar una desaceleración económica, de nuevo el BC actuó de forma proactiva y redujo la pasada semana la tasa de política de 6.75% a 6% enviando una señal definida al sector financiero. Frente a un inevitable ajuste fiscal en los próximos meses, con la inauguración de un nuevo gobierno y la entrada en vigencia de algún tipo de acuerdo con el FMI, las autoridades sabrán adelantarse con una política monetaria más flexible; contando con muchos instrumentos como la tasa de política, reducción del encaje legal para ser canalizado a los sectores productivos, modificaciones de ciertos reglamentos y otras medidas dirigidas a que la economía aumente de acuerdo a lo previsto en el programa económico y siempre velando por el cumplimiento de las metas de inflación.

Perspectiva Ciudadana