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Rafael Sánchez Cárdenas
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Viernes, 15 de Abril de 2011
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Rafael Sanchez CardenasLas revueltas árabes, con tantos jóvenes enardecidos y esperanzados en unos países o un mundo distintos al que vivían, se desvanecen.  Tantas ilusiones de democracia auténtica y de justicia social, de a poco van degenerando en antorcha pabilosa. Una democracia domada por los intereses geoestratégicos.

En Egipto, los líderes de la plaza Tharir abandonan el Consejo de Gobierno ante los incumplimientos de sus demandas y las nuevas protestas son reprimidas. La primavera de Tharir pasó.

Las represiones y muertes en Arabia Saudita, Bahrein, Yemen y  Siria en la que murieron y encarcelaron a tantos civiles han quedado edulcoradas.

El rasero con que se han medido estos países no ha sido el mismo usado en Libia. Allí se alentó la división del ejército y del país. Y Gaddafi aparece como dictador infernal ante los Ben Alí, los Mubarak o la sarta de príncipes del golfo, mimados y protegidos como demócratas.

La resolución 1973 de la ONU lo condena todo, y ordena:

a) Alto al fuego, b) fin de violación y ataques a civiles, c) cumplir del derecho internacional humanitario y de refugiados, d) exclusión espacio aéreo libio para proteger civiles, e) no ocupación o desembarque en territorio libio.

Fuerza aérea y blindados libios destruidos por los bombardeos. Solo quedan los  enfrentamientos entre las dos facciones militares libias. Si se abandonan a su suerte gana Gaddafi, que tiene mayor apoyo.

El objetivo ahora es político, su derrocamiento más allá de la resolución 1973. Dicha resolución y su aplicación práctica es una advertencia a las naciones pequeñas. Su supervivencia como naciones pende de la discrecionalidad de un grupo de naciones poderosas, que actuando en función de sus intereses económicos y políticos, dispone de sus soberanías y ahora con unos derechos humanos reclamados según las conveniencias.

Santo Domingo, 15 de abril de 2011

rsanchez.cardenas@gmail.com

Palabras Clave: 
Perspectiva Ciudadana