|
Rafael Sánchez Cárdenas
| |
Viernes, 21 de Septiembre de 2012
|

El pasado proceso electoral ha dejado maltrecha a la oposición política. No por motivos externos a ella como pretenden algunos. Hay en el corazón de la misma un cáncer que en vez de curar, hace metástasis.

No se puede dirigir el país basándose en manualitos y folletos para principiantes de la política. O, en su defecto, sustituir con grupos de opinión o de presión la debilidad del partido político.

Hace tiempo que Juan Bosch explicó el proceso de penetración de la ideología capitalista en una sociedad nacional constituida por lo que él llamaba baja pequeña burguesía, pobre y muy pobre. Pocos obreros, menos burgueses y pilas de pequeños burgueses.

Sin industrias y un campo empobrecido, la división social del trabajo propia del capitalismo no podía ser más precaria en el orden económico y social. Y si grande era la precariedad en el orden económico y social, mayor lo era en el campo del desarrollo político e ideológico.

Para estructurar políticamente una sociedad, los partidos deberían alcanzar un mínimo aceptable de pensamiento, organización y disciplina, que hagan posible la unidad, la obtención del favor público y el cumplimiento de metas muy sentidas de la misma.

Hay un vacío de pensamiento político e ideológico que ha impedido históricamente el establecimiento de una división social del trabajo adecuada y respetada, capaz de canalizar un régimen disciplinario que se soporte en la convicción de objetivos estratégicos mínimos y no en el afán de satisfacer metas primarias de sobrevivencia o de poder personales.

Los grupos políticos más eficientes siempre han contado con una conducción política profesional, no empresarial. En la medida en que la hegemonía en los partidos pasa de la mano de los políticos a la de los empresarios, mayor la desnaturalización y la ineficacia partidaria.

La necesaria división social del trabajo no se cumple. Se enreda en la dinámica competitiva sin fin que acompaña la genética empresarial y de negocios, sustrayendo a la política su papel rector en la gestión de acuerdos y consensos sociales.

Es necesario que a las organizaciones políticas retornen o se impongan los procesos de formación de cuadros políticos, con tanto apremio como lo hacemos con las escuelas de negocios o los doctorados en ingeniería. Unos y otros son imprescindibles, pero cada uno en su tarea.

Y todos con vocación de servir a nuestra sociedad!

Perspectiva Ciudadana